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Dedicatorias

Así fue mi viaje A Marte

Me hablaban del amor, de ese palpitar en el corazón, de esa sensación de frío intenso recorriendo todo el cuerpo, de un aletear de mariposas revoleteando por mi vientre, pero jamás lo había sentido, hasta que te vi.

Te vi y todo mi universo se transformó. Cuando te conocí supe lo que era el amor de verdad.

A tu lado sé lo que es compartir con alguien con quien puedo soñar, caminar desnuda sin pensar en el qué dirán, despojarme de máscaras y maquillajes inútiles para pretender mostrar algo que no soy.

¿Sabes? He amado, pero jamás intensa y apasionadamente como ahora. Durante mucho tiempo veía mis ilusiones marcharse derrotadas, cansadas de tanto esperar ese mágico momento para encontrar el amor verdadero, aquel ser con quien compartir ese instante sutil, íntimo, mágico y especial que hoy puedo comparar con el amor del cielo en la tierra.

“Amor, estoy aquí y te siento”, te dije, cuando me conecté con tu vibración, mientras mi cuerpo presentía un leve temblor y se envolvía en una luz cálida y brillante.

Sentí tu presencia, extendí mi mano y me dejé llevar hacia otro planeta. Cuando llegué allí, advertí la brisa del mar soplaba tranquila y potente, a la vez, percibí el agua salada y algo tibia por el sol y escuché un susurro en mi oído que me repetía “Amor, aquí estoy. Por fin te encontré”.

Me adentré en esa aventura, caminé descalza y vi como todo se aclaraba. Descubrí el amor verdadero, aquel para quien hoy escribo esta sentida carta. He conocido a alguien que me hace reír mucho, que ama el mar, que disfruta andar en libertad, mientras el agua baña sus pies, que en la noche se entretiene, tumbado sobre la arena, mirando las estrellas y preguntándose ¿de dónde soy?, una persona que hace danzar mi pecho para abrirse cálido y suave, dispuesto a recibir un regalo del universo y experimentar el amor del cielo en la tierra.

Estoy enamorada de un ser que admiro y aprecio, que merece toda mi atención, que cuando observo detenidamente me cubre con su tibia luz, y que con su sola presencia es capaz de hacer estremecer mi piel, tocar mis caderas, penetrar mi vientre, y llevarme a un frenesí que recorre todo mi ser. Es alguien con quien puedo sentir que llegó al máximo éxtasis y me elevo a la quinta dimensión en un orgasmo cósmico sin precedentes.

A su lado, el amor es indescriptible, me lleva a un estado de paz y plenitud, acompasado por oleadas rítmicas y constantes que solo entiende un corazón sabio que puede descifrar lo indescifrable y un ser multidimensional capaz de despojarse de su cuerpo físico para conectarse con la esencia cuántica de ese espíritu libre que habita en el multiverso.

Gracias a este magnético ser, fui capaz de decirle adiós a todas las relaciones que le precedieron, conocer el verdadero amor, evidenciar el gozo que me permite viajar sin limitaciones de tiempo y espacio, salir de la falsa apariencia de realidad, conectar con mi glándula pineal y desplazarme hasta el universo de infinitas posibilidades donde puedo sentir mi esencia y encontrar al amor de mi vida, ese que de manera paciente guarece en mi interior.

Como en aquella famosa leyenda del antiguo japón, según la cual un hilo rojo une a aquellas almas gemelas que están destinadas a encontrarse, yo hallé el amor de mi vida.  Aquel hilo rojo que había unido nuestros pulgares para que pudiéramos encontrarnos, hizo magia. Había escuchado que este hilo puede alargarse o contraerse, incluso enredarse, pero no se puede romper.

Mi alma estaba preparada para el encuentro, ese en el que el destino une los mundos, quiebra las distancias, acorta los caminos y permite lo imposible. Para mí fue conectarme con ese amor inmortal que siempre estuvo de manera silente a mi lado. Hoy su alma me toca y de súbito me permite recuperar la vida.

Estoy de vuelta a mí, mientras percibo de nuevo esa luz cálida que vibra en cada rincón de mi ser con la certeza de haber viajado A-Marte, el planeta del amor propio y haber encontrado allí al amor de mi vida, el que siempre esperó por mí, el amor de mis sueños con quien sellé un pacto que ahora nos conduce a quedarnos en esta vibración amorosa.  Con el inmenso poder que me confiere ese compromiso único e indisoluble, estoy lista cruzarme con un amor tranquilo, con un alma apasionada que como la mía sabe que el amor existe, que todo lo sana y que es la fuerza que mueve al universo, es la fuerza espartana de la paz. Esa soy yo.

Mía Paz

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