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Cómo paré de acumular

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Cada vez que pretendía poner orden, me sentía impotente, Varias ocasiones me di por vencida y terminaba jugando en el celular.

Juguetes de la infancia, ropa que algún día me volverá a quedar, torres de revistas, cosas de valor sentimental, desde mis primeros zapatos de bebé, hasta piedras, mechones de pelo… ¡ Y un chicle masticado!.

Torres de revistas: !Solía comprar cualquier tipo de ellas! cine, moda, tecnología, música, incluso publicaciones destinadas a hombres. También coleccionaba zapatos, accesorios, libros y cuadernos.

Imagen de diario digital, lacapitalmdp.com

Mi vida adulta ha sido una serie de mudanzas, en las que he dejado muchos objetos atrás, pero también fue el principio de un poder adquisitivo que permitía la llegada de más.

Creí que no había problema mientras mantuviera todo limpio. Había un balance entre los momentos en que, al ver aquello, solo deseaba sentarme a llorar y otros de intensa actividad, en los que era capaz de limpiar, uno a uno los discos guardados a tope en una caja.

Hasta que enfermé y me quedé sin trabajo.

Sin diagnostico concreto

Al principio pensé que sería algo pasajero. El sitio donde trabajaba me generaba mucho estrés, por eso cuando empecé con un tic en el parpado no me sorprendí.

Sin embargo, cuando esta pequeña contracción se repitió en otras zonas como brazos y piernas, decidí que era tiempo de abandonar un empleo monótono, que estaba mermando mi salud, pues a los tics se sumaron fuertes y repentinos dolores similares a pinchazos.

Luego de notar que ningún descanso o vitamina me hacía estar mejor, acudí a varios especialistas; de ellos, lo más que obtuve fue una receta con un diagnostico de “transtorno esquizoide”. No hubo ansiolítico que me ayudara con estas molestias, soportables, pero constantes.

He pasado casi un año así, acudí a tratamientos alternativos sin éxito. Pero el tema hoy, es la cantidad de cosas llegué a acumular y como empecé a deshacerme de ellas.

Imagen: clinicadyto.com

Una nueva perspectiva

Cuando dejé mi trabajo suponía que todo se resolvería fácil, iba a tomar un descanso y luego, a esforzarme por concretar lo que siempre había deseado: Estudiar arte.

No pude sanar. En un momento me vi con deudas, angustiada por la falta de un diagnostico y con depresión. Comencé a ordenar poco a poco, pero tener tantas cosas solo aumentaba mi estrés.

Solamente mi familia, fue capaz de levantarme el animo mostrándome cariño. A su lado, comprendí que es posible soportar cualquier cosa, si se aprende a disfrutar de los momentos sencillos en los que hay risas y juego.

Los test de laboratorio, hacen pensar a uno en varias posibilidades, “¿y si lo que tengo es grave?”. El sistema nervioso es delicado y las enfermedades que lo atacan, bastante dolorosas. “¿Que tal que me queda poco tiempo?”

Nunca he visto a Marie Kondo en T.V. No conozco de métodos ni de Feng-shui, una persona desorganizada y emocional como yo, difícilmente podría renunciar a basura, como una caja de cartón donde su padre escribió “te quiero” Pero tenía que hacer algo.

“No te preguntes por donde empezar, solo empieza” y “No pienses en que hacer, hazlo” Analicé lo que dejaría, los objetos con los que mi familia tendrá que lidiar “¿Cuantas de estas cosas tendrán importancia?”

Imagen: Astrolabio.com.mx

Primer paso

Empecé con algo sencillo, sobre lo cual sentía que tenía control: los libros. Por su forma y contenido son cosas fáciles de organizar. Tenía cajas llenas y me percaté que gastaba, cada vez, en nuevos libros, pero no tenía donde organizarlos.

Puse a la venta los que no me habían apasionado, y los que me habían apasionado tanto, que casi los conocía de memoria. Me parecía emocionante hablar de ellos y no me importaba darlos baratos. Habían dado lo que tenían que dar.

Descubrí que ese libro que dejaba ir, era un pretexto para buenos momentos y que podía regresar a tu vida cualquier día, a cambio de cualquier otro libro. Actualmente realizo mis entregas andando, el ejercicio disminuye la depresión.

Otros acumuladores

Hace un par de años, mis padres se mudaron para estar cerca y la casa donde crecí estuvo a la venta un tiempo. Sin embargo, ahora que se cerró un trato teníamos que vaciarla.

Todavía tenía cosas en mi habitación de niña: cuadernos, ropa interior en la que ya no entro más, peluches. Un par de juguetes se los dí mi sobrina, los demás se están preparando para partir a un nuevo hogar este 30 de abril.

Saber que tus cosas van a seguir teniendo una vida útil, hace más fácil desprenderse de ellas. Más si existen campañas divertidas como “Dona un peluche de tu ex” y esas promociones que te dan una cerveza a cambio.

Pude observar que en mi familia somos acumuladores, que nos viene de generaciones atrás y es parte de nuestra cultura mexicana. Sin embargo es posible cambiar. Mi papá dió muchas de las cosas que tenía, a cambio de ayuda para pintar o podar el pasto.

Fue difícil solo botar algunas cosas. Traje conmigo algunos utensilios de cocina que puse a la venta y un par de libreros !Son lo mejor que pude haber conseguido gratis!

Las cosas que hay que tirar

Por un año, o así, tuve bolsas llenas de ropa en casa, algunas se fueron a Puebla luego del sismo de 2017. Pero había prendas que quería vender, para “recuperar algo” de las enfermizas cantidades de dinero que gastaba, hubo pagos importantes que dejé de hacer por una blusa linda.

“Ya lo cubriré el próximo recibo”, pensaba. Las cosas innecesarias, me retuvieron más tiempo en un trabajo que no me gustaba.

Esta afición también me impidió ahorrar, las consecuencias las noté, hasta que necesité pagar consultas. Comprar, genera dopamina y endorfinas, te hace sentir bien; pero cuando la salud falta, a veces no hay dinero, ni cosa material que la pueda devolver.

No era de una talla común, mi ropa y zapatos no se venden fácilmente, así que tuve que tirar muchas prendas, algunas ni siquiera eran mías, como una playera agujerada de mi ex, o la muñequera de un amigo que no ha venido en años.

Cerré los ojos y las puse en la basura, igual que mis dibujos de la infancia, viejas cartas de amor, postales de amigos con los que perdí contacto. Si algo de eso llamaba mi atención, le tomaba una foto con el celular y lo tiraba.

Sé que para otras personas es más difícil, que en ocasiones la acumulación, es un trastorno que te lleva a morir sepultado en basura. Sólo intento decir, que hoy antes de comprar algo, me pregunto cuanto tiempo lo usaré. Si viviré suficiente como para necesitarlo.

Imagen: henriquecapriles.com

Avanza cada día

No voy a alardear de tener una casa minimalista, ni a decir que dejé las compras definitivamente, he adquirido cosillas, aunque no son para mí. Pareciera que en las familias mexicanas, lo material es una forma de decir “Pienso en ti”.

Por eso regresamos de los viajes cargados de cachivaches.

Hay más cosas que tengo que tirar ¿lo lograré? ¿Tengo más vida por delante? ¿Cumpliré mi sueño de estudiar artes? No sé, cada día trato de controlar mi ansiedad y saborear el momento.

El chicle

Sí. Tenía un chicle masticado que me pasó mi ex. Sí, ya lo tiré.

Gracias por leer.

Si te gustaría leer mi blog literario, puedes hacer click en este enlace:

https://letrasblaspheme.blogspot.com/

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