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Dedicatorias

No supero tu engaño

No supero tu engaño. Más de un año que escuché ese singular sonido que anunciaba la llegada de un mensaje inbox…más de un año que recuerdo como si fuera el mismo momento que leí esas palabras, que sin estar donde estabas pude imaginar claramente el tono de tu voz, el brillo en tu mirada y la intención oculta en tus palabras.

Me fui a trabajar como cada mañana, nos despedimos y sí; veníamos de días ríspidos, de roces, de fricción, de distancia, de enfriamiento, pero aún en medio de eso, tú seguías siendo mi aliento, mi motor, mi alimento, el hombre que siempre soñé. Y no habían pasado ni dos horas de trabajo en esa mañana cuando tus mensajes y palabras llegaron a mi celular, eran varios -Hola hermosa, gracias por aceptar mi solicitud de amistad- y eran varios, porque eran varias las mujeres con las que te comenzaste a involucrar.

Y  de repente entre esos mensajes, identifiqué el nombre de alguien que según mucha gente llegó a contarme fue tu gran amor y se me cayó el cielo, se me desplomó la vida, se me hizo trizas este corazón que tan sólo con tu recuerdo latía. Le decías mil palabras, palabras que tantas veces me habías dicho a mí, le insistías en verse, le confesabas tu admiración, le confesabas tu amor, ese -Nunca te olvidé, y se pasa el tiempo y por mucho sé que eres la oportunidad más maravillosa que me dio la vida-…

Y las lágrimas brotaron en torrente, y mi corazón quería salir de mí y cobardemente sólo pude huir de ese lugar. Inventé que de repente, comencé a sentirme mal, que no soportaba la cabeza, que me temblaban las piernas y la única verdad es que había salido de mi cuerpo el alma, que mi corazón, ese que inexplicablemente, irremediablemente te amaba, quería dejar de latir.

¿Y qué de mi mente? ¡¡¡Bah!!! Creo que desde entonces, ni siquiera está en mí.

Se pasó el día y a cada momento mensajes y mensajes recibía y es que en tu emoción, un día antes dejaste por un gran error, abierta tu aplicación de mensajes con todo y tu contraseña en mi celular, ese que me pediste para escuchar una canción y hacer una llamada porque tu teléfono no funcionaba. Y se pasaban las horas y te desconocía, ni siquiera creía que ese hombre por quien tiempo atrás dejé la vida que ya tenía, ese hombre por quien muchas veces le di la espalda a mi familia, estaba ahí: enamorando como un chiquillo a más de una, a más de dos y a más de tres…Y me dolía aún más que las palabras que les enviabas fueron las mismas con las que me conquistaste a mí. Te imaginaba con tu repertorio allí guardado, con tus mil palabras, con tu diccionario de seducción listo para ser usado acorde a la presa y a la situación.

Y lloraba sin parar y todavía antes de llegar a casa le pedías permiso a la que fue tu gran amor para seguirla frecuentando, seguirla buscando, porque te agradaba mucho conversar con ella. Así llegaste a casa y te enfrenté y para mi sorpresa, negaste todo y quise hacerme la tonta y quise hacer que te creí.

Pasó la noche y llegó la mañana y tú antes de partir, de rodillas y con lágrimas en los ojos me jurabas que era tu amor, que era la mujer con quien decidiste compartir tu vida, que fuera de mí no querías nada, que a mi lado imaginabas tu vejez, que de mi mano te veías alcanzando tus sueños y tontamente te volví a creer, necesitaba creerte: NECESITABA VIVIR DE FANTASÍA PARA NO MORIR DE REALIDAD.

Pues, no había llegado el medio día y tus mensajes otra vez ahí estaban y entonces comprendí que con todo el dolor de mi alma pero yo, no tenía ningún valor para ti.

Se pasó el día y pensé mil cosas, pero la que más me aturdía era saber que te di mi vida, que deposité en tus manos el cuidado de mis hijas, que no son tus hijas, ya no quería seguir, ya no tenía fuerzas, ya no podía más y quien no crea que el corazón duele de una pena, yo puedo afirmarle que no se ve la sangre, que no se ve la herida, que no se ve el desagarre cuando llega una traición, pero se siente desde el pecho que una daga traspasa tu carne, que por ahí sale tu alma, que te estremeces de dolor, que no puedes con la agonía, que en cada aliento se te escapa la vida, que no quieres ni puedes seguir, que ya tus ojos no quieren abrirse, que ya la vida la pasas pero sin vivir…

En esa noche con el dolor más grande de mi alma, te pedí que te fueras, y así, sin pena sin gloria, me acusaste a mí de todo, ¿tu engaño? Pues es que si yo no te hubiera asfixiado con mis celos, si yo hubiera sido comprensiva con tus necesidades, si yo te hubiera aligerado la vida en lugar de ser una carga para ti, si yo hubiera sido sensible a tu dolor, a tu angustia, a tu preocupación, a tus caprichos… Así, tan sin vergüenza te atreviste a decir que la culpable fui yo y todavía corriste a casa de tu familia y me acusaste de todas las cosas que tu mente formuló y no me lo contaron, escuché con mis oídos que tú, tu mamá, tu hermana, aún tú hijo( a quien por cierto,  por ese tiempo yo criaba pues su madre no quiso la responsabilidad) hasta él se atrevía a opinar sin conocer la verdad, a secundar lo que tú tan dignamente te atreviste a inventar de mí y a negar de ti.

Y en la media noche, me di la vuelta de ahí, donde te escuché hablar los más grandes horrores de mí y mis ojos lloraban y mi alma lloraba y se ha pasado el tiempo y me sigues doliendo.

Es que, te di mi vida, te defendí de todos, creí en ti cuando ni tú en ti mismo creíste, me aferré a que el fin de mis días sería de tu mano, a que eras ¡el hombre más maravilloso del mundo! Te di todo cuanto tuve, conseguí lo que no tenía, hice todo por verte feliz y nada funcionó.

Y aún me duele tu engaño, aún no supero tu traición, tú vas viviendo como si nada, vas fingiendo que eso ya pasó. A mí, a me sigue doliendo el alma, porque no es posible haberme equivocado así, porque di tanto y me quedé con nada y me sigue doliendo el alma, de darme cuenta que tal vez apostar por tu calidad como hombre fue el peor error al que me pude aferrar.

Me sigues doliendo como ayer, me sigue doliendo el alma, es que no conocí la maldad hasta que descubrí tu falta de integridad.

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Azul Inmenso

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