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Historias de vida

Dimensiones alteradas

La demencia y la conciencia sana, son dos dimensiones muy diferentes, con elementos que habitan y se desarrollan y desenvuelven en ellas de manera independiente, la delgada línea que divide a la razón y a la locura es un filamento delicado, que, en cualquier momento, podría ser fracturado, y se haría un viaje en picada hacia el abismo sin retorno.

En el mundo sobrenatural las cosas suceden sin obedecer a ninguna ley de nuestra dimensión.

Para llegar a la locura puede ser que surja un temor infinito en el organismo de una persona, ese medio irracional le llevara dentro de poco a moverse fuera de la atmósfera segura de la razón.

Un reportero mexicano, redactor en varios medios de comunicación impresos, había experimentado una serie de sucesos fuera de toda lógica, que le llevaron a estar al borde de una caída hacia el abismo de lo irracional, vivió cosas que inclusive en estos días, a su edad de 50 años, aun no puede responder, ni ha encontrado solución a todas esas interrogantes.

Durante su vida profesional, Samuel Gonzalo Martínez, trabajó miles de escritos enfocados a lo real, a lo que existe, a la ciencia, por ejemplo, sin ser un científico, había acumulado una basta lista de conocimientos.

Miles de artículos de investigación redactó en su vida, y su pensamiento era crítico, objetivo, pero para él era una manera de no terminar enloqueciendo, de no terminar muerto en vida, de sobrevivir un poco, al menos al filo de la realidad.

Pasaron muchas cosas en la infancia del escritor, sus padres trataron de pasar por alto esos hechos, su mamá apenas lo abrazaba para que se pasaran los sustos, era extraño, porque todos los integrantes de su familia, sabían, experimentaban esos hechos de manera similar.

Pero poco se hablaba al respecto, quizás el miedo que sentían en sus almas, no les dejaba hablar con sus tres hijos estas situaciones.

El papá de Samuel, el señor Horacio, buscaba calmar siempre a su familia, posteriormente a los hechos sobrenaturales.

Samuel escuchaba con atención algunos de los sucesos fuera de la realidad, que la amiga de su hermana comentaba que sucedían en esa casa, en el Jardín de Mármol, como era conocida.

Lo que le dejó con los ojos abiertos, y una descarga de electricidad intensa que recorrió su espalda, fue el hecho que la mujer narró cuando un matrimonio joven rentaba el domicilio, vieron como dos sombras de un tamaño alto, salían de la nada, se mezclaban entre si en un baile de luz y mucho frío que se sintió en el lugar.

Para que momentos después las luces, que parecía que bailaban, en el centro de la sala, se desplazaban hacia abajo, hacia el suelo, hasta que desaparecían, momentos después, el clima, la temperatura del lugar se convertía en intensas ráfagas de aire polar, que enfriaban toda la casa.

Un par de historias más comentó Juliana, la amiga de su hermana en aquella reunión.

El escritor no dejaba de imaginar en su mente, aquellas experiencias, y se daba cuenta de que algunas eran muy similares a lo que él vivió.

-Querida Angela, disculpa, pero nosotros en casa con nuestros papás vivimos muchas cosas similares, como esa vez que esa cosa, ese ente ese espectro, se apareció donde yo jugaba y me hizo gritar.

-Samuel, si, tienes razón, traté de bloquear esos días, esos temores que tenía siempre en mi cama, oh, cómo recuerdo esa vez cuando te vi que ibas flotando por uno de los pasillos hermanito, yo gritaba y gritaba parecía muda, nadie me hacia caso, pero vi como flotabas y te ibas acercando a la puerta, hasta recuerdo como se abrió la puerta.

-Eso decían ustedes, que floté, no sé era levitación, o alguna brujería me movía, no sé qué fue, decía nuestra mamá, que de repente, aparecí afuera de la casa, a ella le dio un presentimiento, de que uno de sus hijos no estaba bien, decidió investigar y fue cómo me encontró así, su instinto de madre le empujó.

Samuel se estremecía sudaba frío al recordar.

Pero la charla se detuvo un momento, un silencio no programado dominó la mesa de comensales, ahí estaban Samuel, Angela, Juliana y dos amigas de ellas más que compartían y escuchaban la historia, Rommy, y Diana, quienes también hacían algunos comentarios en torno a lo que pasaba en esa casa.

Samuel de inmediato le preguntó a la amiga de su hermana si era posible acercarse a la casa, o mejor aún, era posible entrar.

Juliana le dijo que una de sus primas había llegado a rentar ese domicilio, en compañía de su esposo Ángel, y sus hijos Darío y Manuel.

Ella le dijo al escritor que pensaba que no habría problema con hablar con esa familia y que le dejaran entrar a investigar.

Llegó el día la familia que habitaba el Jardín de Mármol aceptó sin problemas, la vista de Samuel, que fue programada para el viernes siguiente a esta reunión, después de presentar al escritor con la familia, Juliana, pidió de favor, que ella se quedara.

Eran las cinco y quince minutos, de la tarde del viernes, cuando la puerta de la casa del jardín de Mármol se cerraba, mientras pasaba el escritor Samuel y su amiga Juliana.

Se hizo la presentación de la familia Olivares con el escritor, y les explicó que deseaba hacer una investigación de la Casa del Jardín de Mármol.

Y les explicó que en su casa familiar también hubo experiencias sobrenaturales intensas, pero la residencia cayó en desgracia por que se incendió de manera misteriosa, después de que se hicieron las investigaciones policiacas, las autoridades jamás pudieron encontrar por qué se incendió.

La familia Olivares se resintió de los hechos, y comenzaron a comentarle al escritor, que inclusive en una ocasión, mientras ellos comían en el la sala principal, a centímetros del piso, quizás unos cuarenta, apareció una flama, estaba toda la familia y sus dos amas de llaves que compartieron siempre con ellos.

En aquella ocasión, la flama se manifestó mientras el frío se apoderaba de todos, comenzaron a temblar por la baja considerable de temperatura, pero la flama no se inmutaba, se movía, como si fuera la flama de una veladora, pero sin el cuerpo de la veladora, y la familia observaba cómo se desplazaba hacia el techo.

De un momento a otro, la flama se elevó de gran velocidad, y después cayó al piso, sin apagarse, la flama se movía así de arriba hacia abajado, del piso al techo.

El fenómeno sobrenatural dejó sin aliento a la familia.

Samuel observaba a la familia, mientras grababa los testimonios en su grabadora de reportero, sus pies temblaban, y preguntó si pasaron otras cosas.

Le explicaron que sí, y las situaciones eran mucho más aterradoras, más extrañas, más diferentes, incontrolables, les daba miedo en la tarde, en las mañanas, a todas horas el estrés del recinto estaba muy intenso, y les dejaba mal.

Samuel escuchaba mientras colocaba algunas cámaras en la sala, alrededor, le habían comentado, que era ahí, donde mayor actividad fantasmal y sobrenatural se desarrollaba.

A penas estaba colocando la segunda cámara, cuando se escuchó un estruendo, y un vórtice se abrió a unos cuantos centímetros del piso de la sala, donde estaba un tapete que tenia una ilustración de un elefante y sus crías.

Todos los que estaban en la casa, se congelaron, ni sus cuerpos, ni sus mentes generaban movimiento, o sonido, mientras el vórtice se abría algunos centímetros más y de ahí, surgió una extraña nube negra.

Con un esfuerzo sobrehumano, el papá de la familia Olivares el señor Manuel, corrió a su estudio, regresando trajo una biblia, bendecida, abrió con velocidad el libro en la página de lo Salmos 91 y 121, que comenzó a orar de manera intensa, mientras su esposa y sus hijos siguieron la oración.

Las oraciones fueron intensas, la familia se unió con una fuerza intensa, indescriptible, se habían convertido en eco, mientras los familiares oraban y oraban, sin detenerse, la casa se movía, cimbraba sus cimientos.

Mientras Samuel tirado en el suelo, de la sorpresa había caído.

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