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“Dulce Familia” (la película) desde la perspectiva de un nutriólogo

Los comportamientos de las protagonistas de Dulce Familia en torno a la alimentación no están tan alejados de la realidad. La mayoría de las personas no conocen realmente cómo comer saludable, eso es cierto. Sin embargo, me llamó la atención que una de las hermanas (Bárbara) era supuestamente una profesional de la salud. Aunque no queda claro si era nutrióloga o doctora, era ella quien debía marcar la pauta entre lo que está indicado y no para comer sano y bajar de peso. 

El primer problema que noté fue el lenguaje irrespetuoso con el que tanto ella como la app se refieren a sus pacientes. Durante toda la película se les llamó adictas, gordas, se les comparó con cerdos, elefantes o ballenas y hasta se les achacó ‘¿Quién es la gorda? Pues tú’. Este lenguaje para nada debe formar parte de una consulta nutricional y raya en el body shaming. El body shaming es, según el diccionario Cambridge, criticar a una persona por su forma, tamaño (talla) o apariencia corporal. Juanita, la hija adolescente de otra de las hermanas, introduce el concepto en la película y, a mi parecer, por supuesto que se les está criticando por su apariencia física.

Otra cuestión es el hecho de que, según su madre y su abuela, Juanita empezará a preocuparse por cómo se ve solamente cuando intente gustarle a un chico. Esta es una actitud reprobable de su dulce familia y no fomenta el estar saludable siempre y para sí misma. Estar saludable ya queda en un segundo plano con este comentario; la idea principal es que lo va a hacer por alguien más. ¿En dónde queda el amor propio? Sé que en esta época el aceptarse a sí mismo es un reto pero en la adolescencia, etapa de crecimiento físico y mental, este pensamiento es crucial. Me da gusto que aunque Juanita probablemente sí tiene un exceso de peso, ella no deja de amarse y aceptarse a sí misma. Porque para ser bella no hay que ser delgada. Por otro lado, tampoco dejaba de ser amada por su madre, quien realmente no supo enfocar bien sus acciones en torno al peso de su hija.

Esto me lleva a un concepto equivocado de los nutriólogos. Nosotros en realidad no somos asesores de imagen. Nuestra prioridad no es que las personas luzcan bien, sino que estén sanas. En la película dejan una línea muy delgada entre la imagen corporal sana y la salud. Y es que el fin de Tamara, la tercera y última hermana, sólo era bajar de peso para ‘entrar en el vestido de novia’; no para tener una mejor salud ni alimentarse mejor. Su hermana Bárbara le indica una dieta extrema, con muy pocas calorías y que solamente va a hacer que rebote más fácilmente. Dejar de cenar y comer increíblemente poco no concuerda con una alimentación saludable a corto ni a largo plazo. Dejan a Tamy con hambre y apenas y baja de peso.

Otro aspecto increíblemente problemático es el uso descontrolado de inyecciones, pastillas, un parche en la lengua (literal), criolipólisis y lavados de colon. Ninguno de estos métodos forma parte del currículum de la carrera de nutrición. Sabemos de ellos pero no es ético indicarlos porque no tienen una base científica sólida. Más aun, sabemos que a pesar de prometer milagros, estos métodos NUNCA van a sustituir una alimentación sana y actividad física regular y pueden hacer más daño que bien.

Los guionistas tuvieron la oportunidad de dejar de respaldar planes extremos de alimentación y ‘dietas milagro’, para realmente integrar un plan de alimentación sano y ejercicio regular y aún así hacer una comedia de calidad. Pudieron dar un buen mensaje, reivindicar la profesión de nutrición como personal de salud y apoyo al tratamiento médico de la obesidad. Hasta que entendamos que la obesidad es una enfermedad, seguiremos aceptando estos estereotipos e ideas que tanto daño nos hacen como comunidad.

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