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El boxeador ‘Rey’ Picasso estudia ciencias en la UNAM y quiere abrir una escuela de tecnología

A lo largo de sus 20 años, la vida de David Picasso ha transitado entre oportunidades que pocos pueden presumir. Fiel al deporte y la vida que eligió para su futuro, desechó algunas y no se arrepiente.
Es boxeador y los números avalan su decisión. Tiene un récord de 13-1, cinco triunfos por la vía rápida y es el actual campeón juvenil intercontinental pluma del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
Una historia que empezó a los siete años, cuando siendo un niño hiperactivo, probó varios deportes pero ninguno le aguantaba el ritmo. Hasta que su papá, quien también fue pugilista, se rindió y lo metió al gimnasio para entenderse con los guantes, el costal y la gobernadora.
“No me daba miedo. Un día llegó un niño al gimnasio y me subieron con él, me gustó. Vino mi primera pelea y medalla, entonces me empecé a motivar más. Él (su papá) no quería que fuera boxeador, pero con el tiempo aceptó porque también sabe que es una disciplina que forma y da muchos valores. Me ha fomentado el respeto por todas las personas, disciplina en todos los aspectos de mi vida y la empatía”, comparte el joven boxeador.
Y sí, los guantes cambiaron su infancia, que se consumió entre la escuela y las funciones los fines de semana. Aunque se las ingeniaba para ira a jugar futbol. Era bueno para las patadas, tanto que estuvo a punto de ser futbolista profesional. “Jugaba la media y tenía mucha condición, no me paraban. Un día, jugando en la Tercera División enfrentamos al Pachuca Oro y me pusieron en la delantera, nos faltaban jugadores y todos estaban cabizbajos, pensaban que nos golearían. Metí cuatro goles y ganamos, entonces me invitaron a fichar con ellos, pero no acepté, ya tenía mi camino trazado”.
Cursaba la preparatoria, así que dar un giro de rumbo a su destino no era fácil. Tampoco quería hacerlo. “Ha sido complicado mantener los tiempos y la energía, pero me fascina la escuela y el boxeo, ahora sé que se puede lograr un balance y que hay tiempo para todo”.

Tiene varios nocauts en su récord
Foto: Zanfer


DE BARRIO BRAVO


En la colonia Guerrero y sus alrededores lo conocen como el ‘Rey’, una zona plagada de gimnasios, llenos de sueños como el que el abraza. “Hay amor y pasión por el deporte en la Morelos, Tepito, Garibaldi, la Guerrero, pero siento que hay mucho talento desperdiciado porque suele verse solo lo malo y no el otro lado, lo positivo de la gente”.
Admirador de Mohamed Alí y Many Pacquiao, David memoriza los estilos del ‘Finito’ López, Óscar de la Hoya y Vasyl Lomachenko, todos inspiración en el trabajo diario que lo llevó a ser monarca. “Es un paso muy grande en mi carrera. Es un campeonato también de ‘Panchito’ Arce, mis papás y todo mi equipo, vamos poco a poco en el camino rumbo al campeonato mundial. A corto plazo vamos por otro cetro, quiero clasificarme para generar el legado que busco construir”.
Y lo hace aliado a una rutina que no permite distracciones. “Me despierto a las 4:30 de la mañana para ir a correr a la Alameda Central, después vamos al gimnasio; luego tomo el metro Guerrero hasta Universidad y estoy en las escuela hasta las tres o cuatro de la tarde. Regreso a casa, voy a entrenar y vuelvo a dormir”.
La escuela es un mundo que habita persiguiendo otros sueños. “Allá nadie sabía que era boxeador, hasta que uno de mis amigos me vio en la tele y compartió una foto con los compañeros, así se fue corriendo la voz hasta con los maestros. En una ocasión, uno de ellos me pidió una foto y autógrafo pero hasta que terminara el semestre para que no se perdiera el respeto”.
Estudia el cuarto semestre de la carrera de Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM. “Siempre fui muy curioso y con hambre de conocimiento. En la prepa no sabía qué estudiar, tenía un mundo de ideas en la cabeza pero me di cuenta que la física engloba muchas cosas, en cualquier cosa que hacemos está la física. Después de ella quiero entrar a neurociencias”.

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Pero va más allá y ha tratado de aplicar la física en su boxeo, “en el futuro me gustaría hacer un estudio más completo acerca de la alimentación, de cómo la física puede ayudar a que los golpes sean mejores, de cómo cuidarnos neuronalmente, es un proyecto que quiero hacer con mis compañeros de la UNAM”.
Va rápido y su mente vuela sin reparo. “En cinco años ya estaré dando los primeros pasos de la escuela de tecnología y ciencias del país que quiero abrir. Hay mucha fuga de cerebros y quiero ir al sureste mexicano. Es la zona que menos apoyamos en el país, donde hay altos índices de analfabetismo y sé que es por falta de oportunidades”.
Él tuvo una que descartó por el momento, para no traicionar sus sueños. “Participé en un simulador para entrar a la NASA, estuve avanzando en el proyecto pero de nuevo, preferí mis estudios, quiero quedarme en México hasta que me muera y crecer junto al país”.


PUMA, DESDE LA CUNA


Picasso estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero es aficionado al equipo de futbol de los Pumas desde que recuerda, una pasión a la que se aferra, pese a que no siempre haya alegrías.
“Soy puma desde la cuna, la primera vez que fui a un estadio de futbol fue a los 11 años. Me he dado cuenta que hay mucha gente preparada en la Rebel, por eso cuando no tengo una pelea importante o no estoy en preparación, me doy una vuelta al estadio para estar con ellos y apoyar al equipo”.
El jugador que ha marcado más su afición fue el zaguero paraguayo Darío Verón. “Recuerdo una serie de Liguilla que iba perdiendo Pumas, gracias a su empuje avanzaron. Me agradaba el corazón que ponía en la cancha”.
Algo que no ve en el actual equipo, aunque no deja de alentarlos. “Siento que han tenido muchos problemas internos, que hace falta que le metan un poco más de garra para lograr algo, porque ya son varios años de no lograr nada”.
Mientras tanto, el seguirá su aventura con los puños y las aulas, ya es campeón en el deporte, pero anhela serlo en la vida.

Es aficionado del equipo de futbol Pumas

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