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Historias de vida

El recuerdo de Marlene

En aquellos tiempos mozos, cuando era cadete del Heroico Colegio Militar, nunca faltaban invitaciones para asistir a las fiestas de quince años. Estos eventos eran muy concurridos, pues nunca faltaba la buena comida y bebida en abundancia y por supuesto las lindas chicas. Un día, un compañero nos invitó a la camarilla a la fiesta de su prima Marlene. Por las fotos que nos mostró, la prima estaba de buen ver. No faltó el acomedido que pidiera mano con ella para ser el chambelán principal; todos acordamos ceder el honor al peticionario.

Llegada la fiesta, el amor se dio a primera vista entre el chambelán principal y la prima Marlene. Después del obligado Vals, la pareja nunca se separó durante la noche; antes bien, entrada la madrugada, desaparecieron del escenario por un buen tiempo.

Pasada casi una hora, la quinceañera fue la primera en aparecer de nuevo en la fiesta, sin maquillaje y con el vestido ajado; en la otra esquina tratando de pasar desapercibido, hizo acto de presencia el chambelán principal; sin tirilla en el cuello del uniforme y misteriosamente sudoroso. Nadie de la familia o de los concurrentes al evento hicimos algún comentario.

Al siguiente día en el Colegio, toda la camarilla tratamos de interrogar sobre los detalles al aventurero, pero lo único que obtuvimos fue la frase “-Estoy perdidamente enamorado de ella y no pregunten más”.

Una semana completa, nos habló de Marlene y su dulzura, de Marlene y sus encantos, de Marlene y su sonrisa, de Marlene y su belleza, de Marlene y sus lindos ojos. Todo el panorama del Colegio fue inundado por la “bella imagen de Marlene”. Desayunábamos, comíamos, cenábamos y nos acostábamos todos con Marlene.

La siguiente semana, misteriosamente ya no supimos más de la “angelical Marlene”; sin duda el héroe seguía deslumbrado con ella, pero con un embelesamiento distinto al de la primera semana, porque en su rostro se dibujaban la felicidad y el sufrimiento al mismo tiempo.

La tercera semana, tampoco supimos nada de ella y sólo vimos sufrimiento en el rostro del héroe. La situación nos preocupó tanto que tuvimos que preguntarle sobre su adorada.

–¿Ya no recuerdas a Marlene?
-Claro que la recuerdo, …….  ¡cómo olvidarla! Sobre todo, cuando voy al sanitario para orinar y más cuando el médico me inyecta las ampolletas de penicilina de 800,000 unidades.

Rolf

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