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Cuentos

2020: el tiempo de la pandemia.

2020: el año que lo cambio TODO.

No perdamos la esperanza.

No la perdamos.

Llegados a la edad de los 50 y con el fin de tomar riesgos (?), mi esposa y yo compramos un departamento, grande si consideramos que nuestros hijos ya están en edad de hacer su propia vida y que muy pronto decidirán volar de nuestro lado.


Nos decidimos por un espacio que utilizaban de bodega: quitamos el viejo papel tapiz floreado y manchado, tiramos las viejas alfombras (dos, una encima de la otra), se colocó una nueva cocina; todo sobre un hermoso piso nuevo color granito, las paredes se pintaron de color gris paloma, se colocaron todas las puerta de un blanco inmaculado y finalmente se colocaron lámparas nuevas a lo largo y ancho del departamento.
Lo único que ha quedado de la antigua construcción es un tragaluz, que por lo viejo, se muestra ácueo en su salida.

¡Ah! Y la falta de cortinas en los grandes ventanales que hay en la sala de estar. Cerca de las 6 de la mañana y después de estar colocando la plomería de los baños, me senté en uno de los sofás, me cubrí con una manta gruesa, y apreté con las dos manos la taza de café caliente: el frío ya mordía en un amanecer de invierno.

Y espere dentro de esta cueva artificial a que los rayos del sol aparecieran y me dieran de lleno en la cara.
Mientras la luz comienza a entrar en la casa recorriendo el piso y besando poco a poco, sin prisa, las paredes encendiéndolas con un hermoso color dorado, recuerdo que estamos en pandemia.
Qué los seres queridos van cayendo en cama, que no es posible que nos despedirnos de ellos, que no vemos el final de este largo túnel.
Mientras tanto, la luz sigue llenando el cuarto.

Sé que más temprano que tarde, llegaremos al esperado fin, donde podremos de nuevo reunirnos sin temor, abrazarnos y besarnos, tomarnos de las manos, decir adiós al cubre bocas y volver a ver sonreír a los demás.
Con esa misma seguridad de saber que los rayos del sol al avanzar, obligan a las tinieblas a huir.
No perdamos la esperanza.
No perdamos la esperanza.

Long John Silver

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