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Imagen: Eroski Consumer.
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Esa comida no me gusta

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Llegó al restaurante una madre de familia con sus dos hijos, preguntó por el menú y le entregué en mano la carta. Revisó y pidió para ella una pechuga de pollo en salsa de cilantro, para la niña un sopa de fideos y para el adolescente una pechuga empanizada; los platillos los acompaño con arroz rojo, verduras al vapor y agua de fruta con poca azúcar morena.

En su orden pidió quitar las verduras al vapor y las bebidas, con el argumento de: eso no les gusta, porque prefieren tomar refrescos de cola, populares por cierto. No vendo bebidas embotelladas, ni embutidos, todo lo más natural y saludable posible bajo el slogan: No tienes que cocinar comidas complicadas, simplemente comida saludable de ingredientes frescos.

Infortunadamente el estilo de vida moderno así tiene a las nuevas generaciones de padres: miles de madres que trabajan, no les gusta cocinar porque no son criadas de nadie y trabajan con tal de no atender como se debe a los hijos, muy pocas trabajan por una apremiante necesidad; entonces, los hijos quedan al cuidado de guarderías u otras personas, en donde les dan lo que les gusta o se les antoja. Cuando están con los padres buscan ser consentidos y los padres, por no conflictuarse con los hijos, acceden a sus caprichos, ya sean alimenticios, tecnología, juguetes, vestido, etc.

Datos que preocupan

México ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en obesidad y consumo de bebidas embotelladas. Es lamentable que desde dentro del hogar no se haga conciencia de los malos hábitos alimenticios que enseñan con el ejemplo los padres, así pues, tenemos niños y adolescentes obesos, sin condición física porque pasan el tiempo libre en los dispositivos electrónicos. En el otro extremo, jóvenes muy desnutridos, cuerpos flácidos, por falta de una buena alimentación y ejercicio.

Aún estamos a tiempo para corregir el rumbo en el que estamos llevando a las nuevas generaciones, como padres, hagamos el esfuerzo por darles un mejor ejemplo y proveerles de mejores alimentos.

A resumidas cuentas, sale más barato comer bien y sano, que comprar lo industrializado. ¡Buen provecho!

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