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Ya no soy súper mamá.

Cuando mis hijos eran pequeñitos, yo tenía magia para ellos.  ¡Me admiraban tanto! Yo, mamá, lo sabía todo, lo podía todo, lo descubría absolutamente todo.  Ellos creían que mamá nunca se cansaba, ni se ponía triste.  Estaban seguros de que mamá jamás se enfermaba, y si me daba jaqueca, ellos igual tenían la certeza de que les tendría a tiempo la cena.

Era tal su confianza en mi poder ilimitado (así lo creían ellos), que hoy recuerdo divertida cuando acudían a mi compungidos, después de romper algún juguete, y me pedían que lo arreglara.  Sus ojitos llenos de esperanza mientras yo, la súper mamá que todo lo podía, analizaba el desperfecto para saber cómo lo podía restaurar.

Casi siempre era sencillo, un poco de pegamento y todo quedaba resuelto.  Entonces mis hijos reforzaban su teoría de que tenían una súper mamá, que en vez de una capa en la espalda, usaba al frente un delantal.

Sin embargo, también hubo ocasiones, afortunadamente las menos, en que el juguete roto ya no tenía arreglo y eso, para ellos, era tremendo.  No tanto por perder el juguete, ni tampoco perdían la fe en los superpoderes de mamá, sino porque ellos creían que yo no quería arreglarlo, y hasta me prometían que si los ayudaba, no lo volverían a romper.

Cuando los hijos crecieron.

Mis hijos fueron creciendo y al mismo tiempo descubriendo que mamá no tenía tanto poder.  Descubrieron que mamá no tenía magia en las manos, ni tampoco ojos en la nuca con los que tantas veces creyeron que los observaba para que no hicieran travesuras.

Todo eso ha sido divertido y aún me río con los recuerdos, sin embargo, hay algo que para nada resulta de mi agrado.  Los papeles ahora están invertidos, soy yo quien ahora tiene que pedirles que me expliquen el significado de tantas palabras raras de las nuevas tecnologías, o cómo hacer funcionar algún aparato nuevo, o de cómo es que ahora interactúan entre ellos.  Hay veces que siento que no tienen la paciencia necesaria para explicarme de tal forma que yo entienda, y entonces me siento triste y quizá ellos ni cuenta se dan.

Ahora ellos me ayudan para que no me vaya a caer.  Ya no me admiran como antes. La súper mamá perdió la magia y el superpoder. Y ahora que ellos saben que soy una mujer normal, me siento satisfecha al ver que están creciendo, que se preparan y se sirven ellos mismos de cenar.

Lo que más tranquilidad le da a mi pecho, es que sé que están preparados para cuando llegue mi momento de partir. Espero que falte aún mucho tiempo, pero ya no me quita el sueño ni me angustio porque sé que ya pueden vivir sin mi.

Los poderes heredados.

Mis manos aún tienen magia para alentarlos con una caricia cuando se sienten desanimados, y aún tengo el poder de confortarlos con un abrazo, y en mis palabras aún encuentran el hechizo con la fórmula mágica de algún consejo…

Ahora que lo pienso bien… Sigo siendo “súper mamá”… Tal como me enseña aún hoy en día y desde que nací, la “súper mamá” que me dió la oportunidad de vivir.

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Estrella Cisneros

Nacida en la ciudad de México el 5 de junio de 1965.  Radica en Querétaro desde el año 2007.
Desde muy temprana edad mostró su gusto por las letras. A los cuatro años ya leía, siendo su libro favorito una antología del autor Rubén Darío, libro que aún conserva como uno de sus más preciados tesoros.

Miss Estrella, como la llaman sus conocidos, memorizó “A Margarita Debayle” y hasta la fecha le trae bellos recuerdos de infancia al lado de su madre, quien la alentó a disfrutar de la expresión escrita.
Escribió sus primeros poemas a los diez años. Ha participado con escritos de su autoría en certámenes como “Carta a mi hijo” de grupo Novedades, obteniendo el 3er lugar nacional en agosto de 1991, entre más de 2,500 participantes.

Siente gran pasión por la comunicación oral y escrita. Teniendo facilidad de palabra, lo que la llevó a alcanzar niveles importantes en el campo de las ventas directas, aunque lo que realmente disfrutaba era impartir capacitación en grupo y consejería individual.

Amante de las artes en general. Inició su formación musical a los 7 años de edad con clases de piano, instrumento que la acompaña hasta la actualidad. Destaca como maestra particular de piano desde 1985, año en que impartió sus primeras clases a domicilio.

Cuenta con talento especial para las artes plásticas y manuales como la pintura, el dibujo, bordado en tela y repujado en aluminio entre otras.

En su infancia, también fue gimnasta olímpica y formó parte de la selección nacional de judo.

Siempre positiva y de personalidad optimista. Su gran fortaleza espiritual, así como el siempre presente apoyo de su familia, han sido fundamentales para superar adversidades tales como el hacerle frente al síndrome de Behçet.

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