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¿Fe o filosofía?

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Existe sin existir… Así es la disciplina que ningún hombre ha sido capaz de dominar en su totalidad; han pasado siglos de evolución y aún le es imposible domar a las más enigmáticas de las disciplinas. Requiere una dedicación asesina, de tiempo completo, fatigante, castrante; una dedicación moralmente discriminada; es fea ante los ojos de la sociedad, es vista con ojos de aberración y coraje, es considerada el más grande de todos los males que pudo existir. Sin embargo, esta disciplina es traviesa y celosa de otras disciplinas, pues enamorarte de ella es desapegarte de otras y de la vida misma. Este espécimen es independiente, pues no necesita de actor alguno para existir, no pide, ella roba por placer por el simple hecho de poder hacerlo. No ofrece, pues su consistencia, su construcción, no permite que tenga o genere posesiones.

No hay forma de encontrarla, ya que el simple hecho de estarla buscando, rompe las normativas con las que ella existe. Es feroz y exige que sacrifiques todo lo que has creado y podrías crear. Ella te escoge y nadie sabe de qué privilegios goza ni cuales son sus estándares de selección, pero ella, antes de que te des cuenta ya te hizo suyo y no le importa el qué dirán.

Normalmente la confunden con enfermedades o trastornos, con actitudes. La creen el abismo mismo, simplemente ella se ríe y sigue con su elegante y sublime existir.

Es pesada, asfixiante; su peso corresponde al de la vida y la muerte sumados, nadie la ha aguantado y quien ha tratado de hacerlo dobla las rodillas y baja la cabeza, pues a esto se le suma el peso del juicio y un alma atestada de incertidumbre. Viendo esto, ella, en ocasiones decide abandonar a ese hombre débil y falto de voluntad. Ella, padeciendo alexitimia se retira con gracia sin rechistar. Pero en otras condiciones, se aferra a lo que es suyo y lucha y lucha y lucha como un guerrero griego y con más coraje consume a su bienhechor hasta enfermarlo de muerte.

La cúspide de su obra de arte es la negación absoluta del ente en sí, transgrede con la angustia, la contemplación de todo ente, de una abrumación infinita; un mal con poderes de resurrección espiritual y al mismo tiempo de fúnebres finales.

Sin embargo, es dulce con sus doctos, suele curar la inconsciencia del ser, eleva la introspección, des-cosifica las cosas, crea lechos de individualismo, sublima a la voluntad y discrimina la concepción del humanismo mismo; solo con ser, pregna a su aliado de un aroma a cerezos, a conocimiento; y al mismo tiempo a putrefacción, un olor pantanoso, un olor insoportable a un desconocimiento desmedido y juntos suelen ser la combinación perfecta, la combinación que da origen a la más puras de las existencias, a la esencia misma del Ser.

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