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La Redacción

La estafa maestra

20 junio, 2019
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BUEN FIN: A OTRO PERRO CON ESE HUESO

Ni duda cabe que los grandes cúpulas empresariales no dan un paso sin huarache, porque no conformes con dirigir y promover el atentado vía reforma laboral y arrebatar derechos históricos de los trabajadores mexicanos, los angelitos se disfrazan de dulces hermanitas de la caridad y dizque ofrecen a la clientela fabulosas gangas, grandiosas promociones y extraordinarias facilidades de pago en la mega venta del fin de semana; efectivamente, ahora el ardid publicitario se llama “el buen fin”, y tienen razón, pues realmente las bondades de sus ofertas son inexistentes, engañosas, simuladas y atiborradas de restricciones y lo que quieren los managers es el fin del poder de compra de los asalariados, el fin de los ahorritos internos de antes de navidad y el fin de la esperanza a salir de pobres vía aguinaldo y bonos de fin de año. Si es que los hay. 

La argucia y “generosidad” de ofrecer hasta grandes tasas de descuento estriba en eso precisamente, que ofrecer “hasta” implica descuentos sumamente menores. Y eso si les creemos, porque la noche anterior, las grandes cadenas de tiendas multinacionales trabajaron horas extras retiquetando precios prácticamente toda la noche para que al día siguiente dichos precios, bajo el mítico beneficio, quedaran igual o mayores a los anteriores.

Los grandes tendejones aprovecharon la oportunidad para sacar mercancías viejas, caducadas y obsoletas, sobretodo en línea blanca y aparatos al último grito de la tecnología oriental; toda una “estupenda” idea para desplazar saldo, o vender mercancía que ya no salía, pues.

Es terrible observar cómo los empresarios utilizan cañonazos de publicidad para manipular la psique de la gente y hacerle entender que requiere unas bolas de boliche o unos palos de golf o un ungüento para la calvicie  o medicamentos milagrosos, etcétera; con el gancho de ofrecer un producto barato y mediante un intenso bombardeo propagandístico crean artificialmente en la mente de la gente necesidades que en circunstancias normales jamás adquiriría. El neoliberalismo económico y las compras de pánico, salvaje dicotomía al extremo, es una total dislocación del libre mercado y de la ley de la oferta y la demanda, porque “el buen fin” sólo incentiva el consumismo inocuo, endeudamiento a raja tabla, la ruina familiar, y claro, engordar las utilidades de los negociantes.

Subliminalmente los candorosos clientes se dejan tentar por los supuestos precios bajos y se tiran a matar con tal de comprarse un bien que no necesitan. Lo peor es que de esa manera, las tiendas despluman a miles de incautos marchantes que le entran a  la “encharcada” de tantos meses “sin intereses” y hasta filo le sacan a las tarjetas bancarias.

Los trabajadores prácticamente hipotecan sus quincenas por anticipado de los próximos doce o veinticuatro meses “sin intereses”; la arrepentida llega cuando se incumple en el pago de un solo “abonos chiquitos” y ahí es cuando la puerca tuerce el rabo porque los bancos rescatados -con dinero del pueblo- ipsofacto te cargan los dichosos intereses, los injustos gastos de cobranza y hasta extrañas comisiones “por no pagar”… y empieza la quiebra familiar, y la deuda bancaria se convierte en una bola de nieve que acaba con salarios, colegiaturas, “el chivo” y  hasta los alipuses del señor y peor si se está desempleado. Y también se inicia la obesidad de la cartera vencida. Todo un drama de la vida real auspiciado por la alcahuetería del gobierno empresarial a cuyos empleados hasta el aguinaldo pagaron por adelantado con tal de que tuvieran dinerito para gastarlo en “el buen fin” o preventa navideña, o la gran barata. Hay un sinfín de nombres. Yo lo llamaría LA ESTAFA MAESTRA.

Como dice mi camarada El manengo. ¡A otro perro con eso hueso! La voracidad de esquilmar los salarios es evidente, la tomadura y pelo y engañifas contra el consumidor en su máxima expresión. Los empresarios no tienen llenadero, pero que no les mencionen aumento salarial porque ponen el grito en el cielo. Y eso que aun no llega el gordo sanchoclós. La cuesta de diciembre y enero. Que mal fin. 

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