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La mujer de la Piedrona

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Por más que corro, volteo hacia atrás y ella sigue ahí. Siento que me está alcanzando, la luz del pueblo se ve muy lejos, el tinaco que parece paleta Tutsi se mira muy pequeño, sigo corriendo, volteo hacia atrás y ella sigue a unos pasos de mí. Estira su mano huesuda y siento que me va a atrapar, de repente veo una luz y subo el último tramo de la pequeña cuesta y llego a la casa que está pegada al gran arroyo, entro a la casa y me desvanezco en una silla de cuero. ¿Pero cómo fue que terminé así?

Hace 5 días estaba en las tierras con unos amigos, eran las 12 del medio día, el sol era abrazador, nosotros estábamos tomándonos unos refrescos y unos tacos de tortilla de harina y frijol, entonces uno de ellos dijo: muchachos, ¿Ya supieron de la mujer de la Piedrona? No, contestamos nosotros. Sí, dicen que a las 12 de la noche se aparece una mujer vestida de blanco con la cara de calavera en la Piedrona, ahí bajando hacia la otra banda. ¿No me digan que no han escuchado de ella? Yo sí, dijo Enrique: a mi compadre Manuel se le apareció esa mujer una noche que le estaba dando de tomar agua al burro. Dijo que estaba orinando cuando levantó la cara y la vio, ella estaba mirándolo fijamente y cuando ella se dio cuenta que la había visto, soltó un grito casi como un lamento y dijo que se desmayó y que al día siguiente por la mañana una mujer de la otra banda lo despertó y él se fue a su casa, pero nadie le cree nada. No, Enrique, tu compadre Manuel es un borracho que no sabe ni cuando está pedo o bueno y sano, dije yo con un tono burlón. Puede que sea cierto lo que dices, Octavio, pero yo por si acaso no me paro en la Piedrona después de las 6 de la tarde, me dijo Enrique en un tono asustado. Miren, muchachos, yo escuché que el año pasado, en plena temporada de lluvias, venía una camioneta de racas con 5 personas, un hombre y una mujer como de 50 años y sus 3 hijas, iban pasando el arroyo que está en la entrada del pueblo cuando de repente se vino el arroyo y se los llevó, el viejo pudo haberlas salvado pero a él le importó más el carro que su familia. Al final el agua los arrastró y a los 2 días encontraron al viejo y a la mujer, pero sólo encontraron a 2 de sus hijas kilómetros arriba, dicen que estaban despedazados y de la otra chica sólo encontraron sus 2 zapatos. Si no me creen ahí están enterrados en el panteón, en una fosa ya que nadie reclamó sus cuerpos dijo Guadalupe. Pues yo no escuché nada de lo que dices, Lupe, mejor hay que ponernos a trabajar porque ahí viene el agua y nos va a agarrar aquí y no quiero dormir en las tierras con ustedes, además estamos muy tarazados, las lluvias ya vienen y aun nos faltan muchas hectáreas de maíz por sembrar.

Yo he escuchado que cuando en algún lugar se aparece un muertito, es por que cerca de ahí hay dinero y que el difunto te señala la ubicación dijo Juan. Eso si me interesa compadre Juan, dije, entonces vamos poniéndonos de acuerdo y nos vamos a buscar ese tesoro, como la vez agregue. Pues un día de estos nos vamos a ver al difunto ese y le pedimos su tesoro igual ya no lo necesita, dijo Juan y se hecho a reír.

Dos días después estábamos en mi casa tomándonos unos tragos, mi compadre Lupe, mi compadre Juan y yo, entonces dije: Oigan, muchachos ¿ustedes creen que haya un tesoro ahí en las faldas del cerro junto a la Piedrona? Pues yo no creo en esas cosas ,dijo Lupe; pues yo sí creo en eso, pero ni de loco me voy a esas horas al arroyo, dijo Juan. Son una bola de miedosos, esas cosas de los muertos que se aparecen no existen, dije yo, a ver si muy valiente, el sábado en la noche por qué no vas al arroyo y nos demuestras que no hay nada, dijeron Juan y Lupe riéndose, por supuesto que voy, ya verán que no existe ningún aparecido ni nada, y si sale, le voy a preguntar por el tesoro y se lo voy a robar, les dije mientras reía.

El sábado a las 11 de la noche escuché que tocaban la puerta de la casa, salí y vi que eran mi compadre Juan y Lupe, me dijeron: ¿qué pasó, compadre, ya está listo para ir al arroyo? Claro que sí, estoy listo, dije, entonces los 3 nos dirigimos por el camino hacia la otra banda, entonces ellos me dijeron, listo, compadre Octavio, mañana iremos a su casa para que nos enseñe el tesoro que le robo a la muertita, ya les dije que no existen esas cosas, pero bueno mañana los espero en la cantina para que me inviten unos tragos, les dije y me fui.

Yo me encaminé hacia el arroyo, bajé por el camino y llegue a la Piedrona, miré mi reloj y eran las 11:35 de la noche, me senté en una piedra, saqué un anzuelo y lo arroje al agua, después de un rato al ver que no habían peces, saque un cigarro y busqué mi encendedor, lo busqué y lo busqué pero no lo encontré, de repente escuché una voz de mujer que me dijo: ¿busca usted lumbre? volteo lentamente hacia mi derecha y ahí estaba una mujer vestida de blanco y con una cara de calavera, levantó su dedo índice y se encendió, posteriormente dio un grito desgarrador, yo sentí un frío que me recorrió desde la nuca hasta la espalda baja, me levanté de un brinco y salí corriendo y gritando: ¡AYUDAAA!, ¡AYUDAAA!, volteaba para atrás y veía como la mujer flotaba y reía y me decía: así que quieres mi tesoro, jajajajajaja, yo llegué a la primer casa cerca del arroyo, entre y me desvanecí en una silla, salió un viejo y me dijo: ¿Que te pasa, Octavio? ¿Por qué vienes tan asoleado? No podía hablar y sólo me quedé dormido. Al día siguiente me fui para mi casa con mi familia y les dije que me quedé en casa de mi compadre Enrique en la otra banda y que me ganó el arroyo y tuve que dormir en su casa.

Cuentan que en el tramo llamado la Piedrona, del arroyo Cuchu, nadie se baña ya que dicen que cuando se sumergen completamente pueden ver a una mujer que los jala hacia lo más profundo del tanque y que por las noches esa misma mujer se le puede ver sentada en una enorme piedra al lado del arroyo.

HISTORIA INSPIRADA EN UN PUEBLO DE ÁLAMOS, SONORA.

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