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El lado Happy Face de la pandemia

La pandemia me ha enseñado a mejorar mi vida

Me parece que vivimos tiempos interesantes… Hay quienes se sienten como prisioneros en su casa, hay quienes se sienten a salvo en su casa…

Hay quienes lamentan este alto forzoso que las circunstancias han puesto en sus vidas. Hay quienes agradecen este cambio de ritmo que las circunstancias han puesto en sus vidas…

Hay quienes se dan cuenta que no saben que hacer con su tiempo “libre” o que les cuesta trabajo convivir con sus seres queridos, o con sí mismos. Hay quien al “mal tiempo” le encuentra buena cara y está conociendo a sus seres queridos y a sí mismo de otra manera.

Me parece que hoy estamos viviendo el mundo y nuestras vidas de otras maneras.

Sigo creyendo que cada quien habla según cómo le va en la feria. Y a menudo, mi viaje por la feria que me ha tocado, me produce sentimientos encontrados. Por un lado es mucho lo que podría decir de lo que observo a mi alrededor en estos tiempos, por otro, soy creyente de que si lo que tienes que decir, no es mejor que el silencio, mejor guarda silencio. Pero como no hablar… del “elefante en medio de la habitación”…

Desde algunas filosofías esotéricas se dice que solo existen dos emociones, a saber, el amor, y el miedo. Todas las demás resultan combinaciones y variaciones de estas. Así, es que, o vivimos en el amor o vivimos en el miedo. Y últimamente veo a muchas personas viviendo en el miedo. Y me parece imaginar la “película” de terror que se están contando.

 Una amenaza nueva y desconocida, surge y empieza a matar gente. Los esforzados científicos y trabajadores de la salud, son los únicos capaces de hacer algo para derrotar la amenaza. Pero por ahora, no hay cura, solo medidas extremas para prevenir el contagio.

 Confiamos en que la ciencia triunfará y en algún momento alguien desarrollará una cura, y esto dejará de ser un peligro, pero de momento, muchos se contagian y mueren. Eso me hacer sentir vulnerable y preocuparme por las personas que quiero. ¡Puedo morir!… ¿Y qué pasa si no encuentran una cura?… O siendo optimistas, tal vez esto no me mate, pero la recesión económica que viene es marca diablo, ¿Cómo voy a vivir?…

¿Se dan cuenta, como está película de terror nos instala en el miedo?… Mi papel en esta película, es muy modesto, no soy una esforzada científica en microbiología o epidemióloga, luchando por encontrar una cura, es un superlaboratorio. Soy poco menos que una peatona, una de las extras que forman parte de la multitud, sin embargo, me gusta pensar, que puedo poner mi granito de arena, desde donde me toca vivirlo.

Y como “sanadora”, que soy, les puedo platicar que una de las cosas que más debilita el sistema inmunológico, es el miedo. Por otro lado, alguna vez escuché, que “la fé profunda, elimina el temor.” Y tal creencia en estos tiempos me parece vital, ya sea que creas en el esforzado científico o científica que va a encontrar la cura, o ya sea, que creas en tus Dioses(as) o antepasados, o en alguna filosofía, que te permita sacar provecho de esta situación, aprender y salir fortalecida(o). En quien o que crees, por ahora, no es lo importante.

Lo importante, es que haya más amor en tu vida, tanto el que das, como el que recibes. Eso mejora tu salud y tus oportunidades. Aunque te cueste trabajo creerlo. ¿Qué vas a dejar que gané en tu vida, el miedo o el amor?…

Te cuento de la película que yo me había contado y como cambió. Yo me encontraba mal. Llevaba ya varios años desempleada, viviendo en carencia y deprimida.

No me gustaba la vida que vivía y no podía hacer nada para cambiarla. En su mayor parte mi vida eran dolor y pérdidas. Y sentía que lejos de que hubiera una esperanza de que por fin las cosas iban a mejorar. El panorama era cada vez más desalentador. Nada de mis conocimientos, saberes y experiencia que sabía hasta entonces, parecía estar funcionando.

Aunque por ese camino aprendí valiosas lecciones, y tuve pequeñas ganancias. En general, si ponía las cosas en balanza, tenía una clara sensación de pérdida y que mi vida se ponía cada vez peor en vez de mejorar. Fueron muchas las veces que me fui a la cama por la noche, deseando no volver a despertar…

Entre, otras cosas, sé psicología, pero eso tampoco estaba ayudando mucho. Y ni la terapia psicológica, ni la psiquiátrica, ni los antidepresivos fueron opción.

Y entonces, apareció un villano mayor en el mundo. Una enfermedad terrible, que podía matarte. Que nos obligó a cerrar trabajos y escuelas. Nos encerró en nuestras casas. Nos obligó a usar cubrebocas y alejarnos físicamente de la personas. Hasta que encontrarán una cura.

El encierro por la cuarentena se fue haciendo cada vez más largo. Y a la mayoría, no le gusta estar encerrada, se aburren, se ponen tristes, enojado o ansiosos. Y cuando las personas empezaron a morir hubo más tristeza y dolor.

En mi caso, ya llevaba yo varios años viviendo como en cuarentena, encerrada en mi casa, saliendo y socializando lo menos posible. Tratando de mantenerme ocupada y en pensamiento positivo para evadir mi realidad y la depresión.

Y aunque había empezado a notar ligeros cambios en mi vida desde hará unos tres años. El año pasado que llegó la enfermedad lo aceleró todo. A veces cuando te concentras en tus propios males, te encierras en una trampa mental. Siempre ves lo mismo, desde los mismos ángulos y no encuentras solución o salida.

Ahora, todo mundo estaba encerrado y sufriendo. Eso me hizo cambiar de mirada y ver que estaba ocurriendo a mí alrededor. Y los anhelados cambios y oportunidades que había anhelado por años, empezaron y surgir y traerme nueva claridad.

La primera, fue darme cuenta, que desde hacía muchos años, yo había llegado a la conclusión de que el mundo no era un buen lugar para vivir y eso no iba a cambiar. Mis intentos por hacerlo un lugar mejor, como psicóloga, terapeuta, sanadora y maestra, habían terminado en fracaso. Quise luchar contra el mundo y terminé triste, cansada y rota. Me rendí entonces y concluí que el mundo y la vida, eran un lugar hostil, y nada iba a cambiar para mejorar.

En ese momento, funcionalmente, me convertí en víctima. Empecé a tener cada vez más pérdidas y a acumular dolor. Sin que pudiera hacer nada al respecto.

Un curso en línea sobre como crecer en la adversidad y la recomendación de una amiga, me llevaron a darme cuenta, de que inconscientemente estaba más enojada de lo que creía. Con el mundo, por ser un lugar violento y hostil que no se dejó cambiar. Conmigo, porque no podía cambiarlo ni hacer mejoras. Eso me había dejado una profunda sensación de fracaso y dolor.

Estando en confinamiento, también supe, de algo llamado copywriting, que tiene que ver con escribir para vender. Eso me lleno de inspiración, entusiasmo y esperanza, la posibilidad de poder vivir de lo que escribo. Me parece que escribo bien, pero las ventas ni habían sido mi fuerte, ni me gustaban. Me di cuenta entonces que odiaba las ventas, porque temía al rechazo. Y eso me había llenado de más miedo, más del que me daba cuenta. Así es que ahora estoy aprendiendo, que las ventas son espacio sagrado en el que podemos sanar.

Estoy aprendiendo escritura publicitaria por mi cuenta, no tenía para pagar un curso, pero soy buena investigando y aprendiendo. Y en internet hay mucha información si sabes buscarla.

Estoy teniendo muchas y nuevas claridades. Por fin estoy entendiendo porque estuve estancada, en dolor y perdidas por tantos años.

Sigo teniendo perdidas, pero ya las miro de otra manera. El año pasado, murió mi madre, con quien no tenía una relación fácil. Eso me pone algo triste, aunque, hay que tomar en cuenta, que ella llevaba cinco años enferma de diabetes y con falla en los riñones. Su vida se había ido consumiendo. Hasta dónde sé, no fue el villano de moda, quien terminó con su vida. No pude estar en su funeral porque estábamos viviendo en ciudades diferentes.

Me parece que ella ya sufría mucho. A veces, cuando tu hora llega, morir, también es una forma de sanar. Descansa en paz.

El mundo puede parecer a veces un lugar terrible, violento y hostil, pero también es un lugar hermoso, de paz, amor, maravillas y bendiciones si sabes dónde y cómo buscarlas. Al día de hoy, recuerdo la importancia de agradecer. Las cosas buenas porque mejoran mi vida, aumentan mi disfrute y me hacen sentir bien y feliz. Y las cosas malas. Esas nos enseñan valiosas lecciones sobre nuestra persona y nuestra vida.

Puede que no puedas cambiar las circunstancias que esta pandemia nos ha impuesto. Puede que esta nueva normalidad no te termine de gustar, pero las cosas, no volverán a ser como eran antes, porque, me parece, que el mundo también estaba algo enfermo, y esta es su forma de sanar.

Así que me parece, que puedes elegir, si prefieres concentrarte en lo negativo y las pérdidas que te llenan de miedo. O en las oportunidades que estos cambios traen, para hacer que tu vida mejore. Y hacer del mundo un lugar más agradable.

Tú decides la película que te cuentas, quieres sentirte en la prisión de este nuevo confinamiento, o a pesar del encierro quieres sentirte en un amoroso océano de oportunidades.

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Alejandra Zuñiga Reyes

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