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Libertad de expresión ¿hasta dónde?

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En el mundo occidental, la defensa de las libertades básicas ha triunfado, si ya no en la práctica, por lo menos sí en la legislación internacional y en las normas jurídicas locales. En México, las libertades no solo se reconocen, sino que se protegen en el documento legal supremo y en las leyes emanadas de él. Sin embargo, no son libertades ilimitadas, todas tienen excepciones y, cuando hablamos de internet, las excepciones se vuelven más difíciles de conceptualizar.

En el caso de la libertad de expresión, el problema va más allá de lo jurídico y se convierte en uno social y ético. ¿Por qué? Porque solo en la red nos podemos comunicar instantáneamente con millones de personas alrededor del mundo y, nuestras opiniones, que confiamos están cubiertas bajo el derecho de expresión, pueden ofender a muchos o generar debates que pueden tornarse hostiles o peligrosos.

La facilidad de usar nuestro teclado para expresarnos, no nos libra de la responsabilidad de lo que mencionamos, pero nos dota de una protección que creemos invulnerable, ya que estando en casa o en el trabajo o en el transporte, sabemos que no estamos frente a frente con las personas a quienes atacamos, si es el caso.

Si un torero muere en el ruedo y estuvieras en su funeral, ¿te atreverías a decirle a su familia que merecía morir por haber maltratado muchos animales durante su vida? Seguramente no; sino que le darías el pésame a la familia y te retirarías lo más respetuosamente posible; aunque en tu mente pensaras que “merecía morir” no lo dirías. Bueno, luego de la muerte del torero Víctor Barrio, las redes se llenaron de mensajes de odio hacia él y su familia sufrió terriblemente, no sólo el duelo, sino el acoso de miles de personas. ¿Habría que tolerarlo porque se está ejerciendo la libertad de expresión?

Imagen: Vanguardia del Pueblo

En México, luego de años de un régimen de censura, hoy se pueden decir y escribir cosas que gobiernos anteriores no habrían permitido y las minorías, sobre todo, han seguido luchando por hacerse escuchar. Lo aplaudo. Pero, ¿qué pasa cuando esos grupos que han luchado por ser oídos, censuran a quienes no piensan como ellos? ¿No están ejerciendo la misma intolerancia y violencia que sufrieron por años? Por supuesto que los comentarios ofensivos y violentos violan leyes que ahora protegen a sectores que se consideran vulnerables, pero luchar por cancelar programas de televisión o exigir que los sistemas de broadcasting de paga eliminen ciertas películas porque atacan a esos sectores vulnerables, ¿no será un exceso y una censura contra la libertad de expresión de sus grupos antagónicos? ¿Quién decide quién tiene la razón y a quién sí se le deben dar espacios?

Compartir en las redes sociales fotos sobre personas que supuestamente asaltan o han cometido una falta moral sin conocer si la información es fidedigna puede crear un ambiente hostil no solo dentro de las redes sociales, sino fuera de ellas. Personas que se han visto agredidas porque alguien subió fotos acusándolas de cometer faltas que no son ciertas, son un aviso de que tenemos que poner atención sobre lo que decimos y compartimos.

El teclado, el micrófono, la pluma, la voz son nuestro medio de expresión. Sí, tenemos derecho a usarlo y a decir lo que pensamos, pero ¿sin filtro? ¿sin un poco de autocensura? ¿sin respeto por los demás? ¿sin pensar en las familias de las personas a quienes atacamos?

¿Merecerá la hija de un juez que según el público dictó una sentencia injusta sufrir los ataques que lanzamos desde la comodidad de nuestras casas? ¿La pequeña tiene la culpa de que el sistema de justicia en México esté rebasado?

El debate está afuera, pero la reflexión en nosotros. ¿Qué sociedad virtual queremos crear? ¿Una de odio o una de cooperación y tolerancia? Piénsalo. Todos podemos vernos afectados, o beneficiados, según sea tu respuesta.

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