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Matando el tiempo.

El tiempo que ocupamos en asuntos negativos, improductivos o tóxicos, es tiempo perdido. De la misma manera que lo es cuando dedicamos tiempo a temas que no son de nuestra incumbencia, que no nos producen felicidad o crecimiento.

Es verdad que todos necesitamos momentos de relax o reflexión. El descanso es indispensable para seguir con nuestro día a día. Incluso, tomar una siesta a media tarde es muy revitalizador. Obvio que al hablar de tomar la siesta, se trata de unos quince o veinte minutos, no de cuatro horas.

Esa breve siesta, o ese tiempo y espacio que dedicamos a relajarnos, meditar, o simplemente a tomar un breve descanso, es tiempo bien invertido, pues nos ayuda a retomar fuerza, recuperar el enfoque y seguir adelante con nuestros planes.

Matar el tiempo es más que sólo tiempo.

Cada minuto cuenta, cada instante, cada momento. El tiempo que se va, sencillamente, no regresa. Pueden quedar los recuerdos, obtenemos resultados (positivos o negativos) de lo que hagamos con nuestro tiempo, pero definitivamente el tiempo no se recupera, no regresa. Nos quedan lecciones del tiempo que se ha ido para aprovechar mejor el que en este momento tenemos, pero es definitivo: el tiempo que se ha ido no regresa jamás.

En algunas ocasiones, por ejemplo, mientras estamos en la sala de espera del dentista, quizá te pones a ver en tu celular cosas que no te dejan nada positivo, o te pones a pintarle bigotes a las fotografías de alguna revista vieja o a hacer algo similar tan solo para “matar el tiempo”.

Déjame tratar de cambiar un poco ese concepto: Si el tiempo es vida, y en momentos como el del ejemplo decides “matar el tiempo”… Luego entonces, lo que estás haciendo es: ¡Matar la vida! ¡Tu vida!

Esos “tiempos muertos” bien puedes aprovecharlos para leer algo productivo, positivo y que te haga crecer intelectualmente. O también podrías revisar tus proyectos y posiblemente ajustar algunos pasos hacia tus objetivos. O qué tal ejercitar tu mente resolviendo un crucigrama o un sudoku.

Cada vez que decidas hacer algo para “matar el tiempo” cambia la frase por “matar la vida” y entonces verás que “matar el tiempo” es mucho más grave que sólo eso. Resulta fuerte ¿Verdad?

Quizá ese pequeño cambio de palabras, te motive para buscar mejores actividades y, en vez de “matar el tiempo” elijas darle vida a los tiempos muertos.

Estrella Cisneros

Nacida en la ciudad de México el 5 de junio de 1965.  Radica en Querétaro desde el año 2007.
Desde muy temprana edad mostró su gusto por las letras. A los cuatro años ya leía, siendo su libro favorito una antología del autor Rubén Darío, libro que aún conserva como uno de sus más preciados tesoros.

Miss Estrella, como la llaman sus conocidos, memorizó “A Margarita Debayle” y hasta la fecha le trae bellos recuerdos de infancia al lado de su madre, quien la alentó a disfrutar de la expresión escrita.
Escribió sus primeros poemas a los diez años. Ha participado con escritos de su autoría en certámenes como “Carta a mi hijo” de grupo Novedades, obteniendo el 3er lugar nacional en agosto de 1991, entre más de 2,500 participantes.

Siente gran pasión por la comunicación oral y escrita. Teniendo facilidad de palabra, lo que la llevó a alcanzar niveles importantes en el campo de las ventas directas, aunque lo que realmente disfrutaba era impartir capacitación en grupo y consejería individual.

Amante de las artes en general. Inició su formación musical a los 7 años de edad con clases de piano, instrumento que la acompaña hasta la actualidad. Destaca como maestra particular de piano desde 1985, año en que impartió sus primeras clases a domicilio.

Cuenta con talento especial para las artes plásticas y manuales como la pintura, el dibujo, bordado en tela y repujado en aluminio entre otras.

En su infancia, también fue gimnasta olímpica y formó parte de la selección nacional de judo.

Siempre positiva y de personalidad optimista. Su gran fortaleza espiritual, así como el siempre presente apoyo de su familia, han sido fundamentales para superar adversidades tales como el hacerle frente al síndrome de Behçet.

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