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Me quito los zapatos

Caminar todo el día con elegancia y una amplia sonrisa.  La frente en alto, la espalda erguida, y con pasos tan seguros que, inevitablemente, las personas se quitan del camino y guardan silencio para dejar libre el espacio y admirar a esa mujer poderosa y fuerte que frente a ellos pasa caminando.

Muchas mujeres nos hemos sentido así de poderosas, fuertes y admiradas, y es maravilloso cuando sabemos que esa postura de diva, no es postiza como las pestañas ni ganada mediante una costosa cirugía.

La altura no es por los tacones ni la belleza por el vestido entallado y el pronunciado escote.

Cuando entiendes que tu poder y belleza es parte inseparable de tu propia naturaleza, no existe desmaquillante que pueda borrar tu hermosura.

Acepto el cansancio

Hay momentos en que el día resulta estresante, por los retos, por los triunfos y el aprendizaje de esas experiencias a las que a veces confundimos con fracasos.

Esos días en que lo único que deseo es llegar a casa para quitarme los tacones, ponerme una bata holgada y retirarme todo el maquillaje.  Esos días en que el llegar a casa y tirarme en el sofá, se convierte en el mejor momento.

Y cuando esos días se repiten uno tras otro a lo largo de la semana y decido escapar del mundo sin importar que sea martes, jueves o domingo, y salgo a caminar por algún sendero lleno de flores silvestres, y camino con mis viejos tenis y mi pantalón deportivo… ¡Que maravilloso paseo! De esos que te llenan de energía y te reactivan la mente.

Una pausa necesaria

Caminar todo el día de un lado a otro como partiendo plaza, recibiendo miradas buenas y una que otra mala palabra. Es parte del precio por el éxito que voy construyendo a cada paso que doy con mis tacones nuevos… Pero cuando me siento cansada, es necesario hacer una pausa.

Busco y defiendo mi espacio, mi sillón y mi momento. La altura me la dan mis pensamientos, mis valores y mis conocimientos. Así que con toda confianza, me quito los zapatos altos y me pongo mis tenis viejos.

Estrella Cisneros

Nacida en la ciudad de México el 5 de junio de 1965.  Radica en Querétaro desde el año 2007.
Desde muy temprana edad mostró su gusto por las letras. A los cuatro años ya leía, siendo su libro favorito una antología del autor Rubén Darío, libro que aún conserva como uno de sus más preciados tesoros.

Miss Estrella, como la llaman sus conocidos, memorizó “A Margarita Debayle” y hasta la fecha le trae bellos recuerdos de infancia al lado de su madre, quien la alentó a disfrutar de la expresión escrita.
Escribió sus primeros poemas a los diez años. Ha participado con escritos de su autoría en certámenes como “Carta a mi hijo” de grupo Novedades, obteniendo el 3er lugar nacional en agosto de 1991, entre más de 2,500 participantes.

Siente gran pasión por la comunicación oral y escrita. Teniendo facilidad de palabra, lo que la llevó a alcanzar niveles importantes en el campo de las ventas directas, aunque lo que realmente disfrutaba era impartir capacitación en grupo y consejería individual.

Amante de las artes en general. Inició su formación musical a los 7 años de edad con clases de piano, instrumento que la acompaña hasta la actualidad. Destaca como maestra particular de piano desde 1985, año en que impartió sus primeras clases a domicilio.

Cuenta con talento especial para las artes plásticas y manuales como la pintura, el dibujo, bordado en tela y repujado en aluminio entre otras.

En su infancia, también fue gimnasta olímpica y formó parte de la selección nacional de judo.

Siempre positiva y de personalidad optimista. Su gran fortaleza espiritual, así como el siempre presente apoyo de su familia, han sido fundamentales para superar adversidades tales como el hacerle frente al síndrome de Behçet.

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