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Reflexión

No, no estoy loca.

Estoy totalmente consciente de la situación actual.  Pandemia, crisis, familias sin suficiente alimento, personas que perdieron sus empleos, enfermos sin medicamento, contagios, muertes, violencia, secuestros… Y así podría continuar con la interminable lista de lamentables acontecimientos.

Y entonces ¿De qué me alegro? ¿Por qué sonrío? Algunas personas me preguntan, mirándome con cierto miedo y hasta desconfianza, como si yo estuviera loca o no me diera cuenta de lo que está sucediendo, ¿Por qué conservo el optimismo? ¿Qué tanto agradezco?

Las circunstancias pueden ser muy complicadas en este momento a nivel mundial, es cierto.  Y no es la primera vez en la historia, que el mundo parece colapsar y, sin embargo, aún existe la humanidad.  Con cambios, ajustes necesarios, algunos avances, otra “normalidad”.  Una vez más, como pobladores de este mundo, nos tenemos que adaptar.

Puedo reaccionar y puedo provocar.

Lo que está sucediendo a nivel mundial, está fuera de mi control, de la misma manera que lo que está pasando en mi país, en mi estado, en mi colonia e incluso en mi hogar.  Lo único que puedo controlar es lo que sucede en mi interior, y aquí es en donde viene el maravilloso poder que todos y cada uno de nosotros tenemos.

Mis reacciones influyen en las circunstancias de mi entorno. Mi manera de responder ante esas situaciones externas, de las que no tengo control, pueden influir e impactar, negativa o positivamente al mundo que me rodea.

Lo que pasa en el mundo puede influir en lo más íntimo de mi hogar y de mi alma.  Y yo decido cómo reaccionar ante todo esto.  Nadie me va a pagar un sueldo por sentirme triste y caer en la depresión… Tampoco me van a pagar por sentirme feliz y llenarme de optimismo, pero definitivamente, ser feliz es mucho más saludable y productivo.  Por eso elijo esa opción.

Escuchar o dejarlo pasar.

Me cansé de escuchar y leer tantas cosas tristes y negativas que finalmente paralizan y bloquean los talentos y capacidades de la gente.  Entonces, seguí leyendo y escuchando, pero también analizando.  No puedo ni debo aislarme del mundo real, simplemente trato de ser selectiva.  Si puedo aportar algo positivo, entonces me interesa el tema, si no puedo ayudar a mejorarlo, lo dejo pasar.

Dejar que lo negativo inunde mi mente, eso sí puede llevarme a la locura real. Por eso decidí ser optimista y sonreír. Si puedo cambiar tu día, si puedo provocarte una sonrisa y sembrar una esperanza en tu alma, cuéntame lo que te sucede, pero si estás aferrado a la idea de que todo está podrido y nada puede cambiar, entonces por favor, sigue tu camino y a mi, déjame avanzar.

Estrella Cisneros

Nacida en la ciudad de México el 5 de junio de 1965.  Radica en Querétaro desde el año 2007.
Desde muy temprana edad mostró su gusto por las letras. A los cuatro años ya leía, siendo su libro favorito una antología del autor Rubén Darío, libro que aún conserva como uno de sus más preciados tesoros.

Miss Estrella, como la llaman sus conocidos, memorizó “A Margarita Debayle” y hasta la fecha le trae bellos recuerdos de infancia al lado de su madre, quien la alentó a disfrutar de la expresión escrita.
Escribió sus primeros poemas a los diez años. Ha participado con escritos de su autoría en certámenes como “Carta a mi hijo” de grupo Novedades, obteniendo el 3er lugar nacional en agosto de 1991, entre más de 2,500 participantes.

Siente gran pasión por la comunicación oral y escrita. Teniendo facilidad de palabra, lo que la llevó a alcanzar niveles importantes en el campo de las ventas directas, aunque lo que realmente disfrutaba era impartir capacitación en grupo y consejería individual.

Amante de las artes en general. Inició su formación musical a los 7 años de edad con clases de piano, instrumento que la acompaña hasta la actualidad. Destaca como maestra particular de piano desde 1985, año en que impartió sus primeras clases a domicilio.

Cuenta con talento especial para las artes plásticas y manuales como la pintura, el dibujo, bordado en tela y repujado en aluminio entre otras.

En su infancia, también fue gimnasta olímpica y formó parte de la selección nacional de judo.

Siempre positiva y de personalidad optimista. Su gran fortaleza espiritual, así como el siempre presente apoyo de su familia, han sido fundamentales para superar adversidades tales como el hacerle frente al síndrome de Behçet.

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