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La Ciudad no se acaba

El martes por la tarde comenzó a llover temprano, a eso de medio día. Tuve que correr sin empaparme, pero yo había caído mucho antes que la lluvia. Salí temprano del trabajo porque cerramos los días nublados y con lluvia, el dueño piensa que es de mala suerte. Las supersticiones en las que decide creer son tantas que comienzo a dudar de mi escepticismo. Lo hago porque algunas funcionan como no caminar debajo de una escalera y pedir 12 deseos a media noche en año nuevo. De cualquier modo, adopté un gato negro y no le temo a los viernes trece. Me di cuenta de que la calle sigue igual, los mismos baches y las mismas luces. Aunque en mi corazón alguien dejó de estar. La panadería de Don José sigue donde mismo, y la farmacia con los mismos empleados, todos me saludan, aquí todos nos conocemos y nadie sabe con certeza quienes estaban antes de nosotros. La ciudad es grande, sin duda ha crecido de tamaño, pero es grande de edad, siempre cambiante y siempre la misma.

El amor siempre encuentra la forma de acabarse, se quema o desvanece, pero siempre indudablemente ha de morir o transformarse. Aquella noche llegamos al final de la ciudad, a la orilla del desierto, en dónde el río separó dos ciudades distintas. Estamos de frente, mirando una ciudad que no es la nuestra, vemos el mismo cielo oscuro y sentimos la misma arena, aún caliente y crisálida.

Puso su brazo sobre mi hombro y yo sostengo su mano, porque hoy estoy viviendo un momento que es un recuerdo que nunca olvidaré.

Nos vamos a besar cuando el cielo se llene de estrellas brillantes, entonces voy a creer que puedo mantener una promesa, y juraré en nombre de Dios. Diré que fue una noche mágica, tan especial que no podrá ser repetida por nadie más, exclamaré que la historia que escribimos ha sido auténtica, que el cariño que sentimos es único. Por una noche vamos a creer que somos los primeros, el corazón late fuerte y las manos tiemblan, hay noches que se mantienen frescas aún en el desierto. El viento de la duna es ligero y su aroma se mantiene puro a diferencia del de la ciudad. Finalmente, veré a sus ojos y él va a acariciar mi rostro con suavidad, dirá lo que siempre he querido escuchar y voy a enamorarme una vez más.

La fórmula es infalible y no puedo parar de repetirla, no dejaré de usarla ni de compartirla por qué, así como yo seguí los pasos de alguien más, otro seguirá los míos. Hoy soy yo en la duna, pero después será alguien en un bar, en la escuela, caminando por la calle, entrando a la tienda, la historia tendrá su misma estructura y serán historias distintas entre sí con diferentes protagonistas, pero en conjunto siempre la misma.

 Aún, cuando decida sentar cabeza, y todavía después de que muera, el ritmo de la ciudad seguirá de pie, con su mismo aire y esencia.

Los amantes siempre encuentran la forma de mantenerse perpetuos y aun así toparse unos con otros continuamente. El amor brinca de una cama a otra, de un corazón a otro, pero el cielo permanece junto con la magia de esta ciudad. A mi cada historia me ha cambiado, pero a ella no, ella es la misma, su singularidad persiste como algo que nunca se había visto. Así pasen años siempre habrá alguien prometiéndose amor eterno por primera vez, es gracias a los amantes que la ciudad no se acabará nunca.

Paola Cantú

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