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Reflexión

Quejas tóxicas

Qué difícil me resulta desprenderme de las quejas tóxicas. De hecho, en esa primera frase ¡ya me estoy quejando!

Estoy de acuerdo en alzar la voz ante las injusticias y dar a conocer nuestras inconformidades. De hecho, creo que quedarnos callados ante las situaciones que nos molestan, no es la mejor manera de resolverlas.

A las quejas que me refiero, son a aquellas que resultan improductivas, innecesarias y lo único que nos dejan son emociones negativas de desánimo y frustración.

El peligro de quejarnos

Cuando nos quejamos de manera constante, es tremendamente fácil que lleguemos a desarrollar el hábito de hacerlo y, sin darnos cuenta, nos convertimos en personas negativas, de esas que tienen la habilidad de encontrar lo malo en todo momento, circunstancia o situación.

Ni siquiera es necesario expresar verbalmente nuestras quejas, cuando ya estamos habituados a ellas, los pensamientos destructivos se activan de manera automática. Como cuando en la fila del supermercado, por ejemplo, nos molesta la ropa, el escote, o la conversación de la persona que está detrás de nosotros. Quizá no la conocemos y muy probablemente jamás la volvamos a ver en nuestra vida, y sin embargo, ya le dimos el poder de fastidiarnos el día, incluso sin que se entere.

Otro peligro es cuando, al exponer alguna inconformidad, perdemos el control de nuestras emociones y terminamos no sólo bloqueando o contaminando nuestros legítimos argumentos, sino convirtiendo lo que debía ser una conversación productiva, en todo un caos que puede terminar no sólo con la intención original, puede llegar a romper la comunicación por completo.

Reto de las 52 semanas

Posiblemente has escuchado acerca del reto de las cincuenta y dos semanas para ahorrar algún dinero. Reto que consiste en guardar en una caja, bote o alcancía, de manera programada, cierta cantidad semanal hasta lograr reunir la cantidad deseada para un propósito específico.

Pues te propongo algo similar. Lleva contigo una libretita o descarga alguna aplicación en tu celular, tipo diario de agradecimiento, y cada vez que te sorprendas quejándote de algo, por mínimo que sea, “cancela” esos pensamientos y escribe mínimo tres cosas por las cuales te sientes agradecido en ese momento.

Agradece por los zapatos que llevas puestos, por la batería de tu teléfono o la tinta de tu bolígrafo. Agradece que estás comiendo o el café que te estás bebiendo… Lo que sea, agradece lo que tienes en ese preciso momento. Conserva el registro y revísalo cada semana, y a la vuelta de un año, podrás valorar lo afortunado que has sido y que posiblemente antes no habías considerado.

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Estrella Cisneros

Nacida en la ciudad de México el 5 de junio de 1965.  Radica en Querétaro desde el año 2007.
Desde muy temprana edad mostró su gusto por las letras. A los cuatro años ya leía, siendo su libro favorito una antología del autor Rubén Darío, libro que aún conserva como uno de sus más preciados tesoros.

Miss Estrella, como la llaman sus conocidos, memorizó “A Margarita Debayle” y hasta la fecha le trae bellos recuerdos de infancia al lado de su madre, quien la alentó a disfrutar de la expresión escrita.
Escribió sus primeros poemas a los diez años. Ha participado con escritos de su autoría en certámenes como “Carta a mi hijo” de grupo Novedades, obteniendo el 3er lugar nacional en agosto de 1991, entre más de 2,500 participantes.

Siente gran pasión por la comunicación oral y escrita. Teniendo facilidad de palabra, lo que la llevó a alcanzar niveles importantes en el campo de las ventas directas, aunque lo que realmente disfrutaba era impartir capacitación en grupo y consejería individual.

Amante de las artes en general. Inició su formación musical a los 7 años de edad con clases de piano, instrumento que la acompaña hasta la actualidad. Destaca como maestra particular de piano desde 1985, año en que impartió sus primeras clases a domicilio.

Cuenta con talento especial para las artes plásticas y manuales como la pintura, el dibujo, bordado en tela y repujado en aluminio entre otras.

En su infancia, también fue gimnasta olímpica y formó parte de la selección nacional de judo.

Siempre positiva y de personalidad optimista. Su gran fortaleza espiritual, así como el siempre presente apoyo de su familia, han sido fundamentales para superar adversidades tales como el hacerle frente al síndrome de Behçet.

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