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Reflexión

2020: vulnerabilidad, egoísmo y sentido común

En 2020 nos hemos vistos envueltos en un escenario que asustó al mundo. Sin duda, la pandemia causada por el Coronavirus fue uno de los momentos más difíciles con los que la humanidad ha tenido que lidiar en las últimas décadas; todo a causa de un enemigo invisible, pero capaz de desestructurar aun países desarrollados; y, al mismo tiempo, una enemiga ya tan conocida llamado ganancia.

Fue también significativo notar el hecho que para evitar la propagación del SARS-CoV-2, más conocido como Coronavirus, las medidas tomadas son de carácter común; es decir, no basta con que algunos traten de cuidarse para que eviten así los contagios causantes de la enfermedad llamada Covid-19, sino que todos juntos deben seguir las indicaciones que vienen siendo dadas.

En ese sentido, hemos visto, por ejemplo, como países como Italia e Inglaterra han tenido que enfrentarse a una segunda ola de contagios después de meses bajo cierto control.

Ahora, la situación de países de Sudamérica también preocupa.

Aristóteles, en su libro de la “Política” defiende la tesis de que el hombre es ser comunitario; nace en un ambiente familiar – que es su primer tipo de asociación –, pero que también pertenece a un pueblo, y la conjunción de esos, forma un Estado.

En efecto, vemos ahora, en medio a la pandemia que nos asola, que no bastan las medidas tomadas por unos cuantos, aunque estas sean válidas, sino que lo que realmente ha podido, en algunos países, disminuir la llamada curva de contagios fue la acción conjunta, coordinada por el Estado.

Dada la gran capacidad de contagio del virus, de nada sirve que unos pocos utilicen muchos frascos de alcohol en gel si, al costado de su casa los vecinos no tienen con qué desinfectarse las manos y podrían no solo infectarse, sino también contagiar a quien del otro lado del muro estaría supuestamente seguro.

Por otro lado, vemos países como el Brasil que ha tenido casi 200 mil muertes por la Covid, y cuyo presidente parece vivir desligado de la realidad.

Vulnerabilidad humana compartida.

Las circunstancias actuales dejaron al manifiesto que la vulnerabilidad humana es compartida, y, como dijo el Papa Francisco, en su discurso el día 27 de marzo de 2020, “estamos todos en el mismo barco”, haciendo alusión a las palabras de Jesús en el evangelio.

Asimismo, momentos de quiebre como esos, además de manifestar nuestra vulnerabilidad, muestran quiénes realmente somos. El miedo o nos paraliza, o bien nos mueve a encerrarnos en un egoísmo exacerbado, que nos puede hacernos olvidar que hay más gente en el mundo además de nosotros mismos. Eso lo hemos visto cuando surgían las primeras noticias de los contagiados en nuestros países: cuánta gente se fue en oleadas a los supermercados a asegurar no solo lo que necesitaban para sostenerse y protegerse, sino a hacer en sus casas stocks de elementos que siquiera eran de primera necesidad en el momento, como, por ejemplo, hemos visto en las imágenes de muchos comprando papel higiénico en cantidad.

Por otro lado, muchos han aprovechado el momento para aumentar sus ganancias, elevando descaradamente el precio de productos que pasaron a ser esenciales en la prevención del Coronavirus; eso lo vimos cuando, por ejemplo, farmacias y supermercados, en varios países, subieron, de modo absurdo, los precios de las mascarillas o del alcohol en gel.

Con la esperada llegada de la vacuna, y un progresivo retornar a la vida social sin tantas restricciones, lo importante, pienso, es que no nos olvidemos de aquellos que se han aprovechado de la pandemia, y que luego que todo eso pase, sepamos no vengarnos de ellos, sino más bien apoyar a quien se preocupó por ayudar en el momento de la crisis, y quienes hicieron más accesible los productos importantes.

Asimismo, es cierto que las medidas que han sido tomadas por algunos gobiernos para evitar la propagación del virus, como el aislamiento social, si bien han sido tomadas por razones de salubridad, también han traído consigo impactos en otros ámbitos, especialmente en el económico y, consecuentemente, el social.

Ahí se ha podido notar que el dinero es, para mucha gente, mucho más importante que la vida.

Ciertamente todos necesitamos del dinero para vivir; pero, una vez más hemos viniendo notando la poca empatía humana. Los ricos preocupados por el dinero que dejaron de ganar y de sus riquezas que no crecieron como debido; mientras tanto, los pobres acongojados también por el dinero que no ganarían, pero, en ese caso, sobre todo por el alimento cuya falta podrían padecer, y padecieron como nos hemos enterado en varias partes.

En síntesis, sí es común la vulnerabilidad; es cierto que delante de la enfermedad y de la muerte todos somos iguales; sin embargo, no se enfrenta de la misma forma la enfermedad cuando se tiene dinero.

Desafortunadamente nuestros países no cuentan con servicios de salud publica capaces de responder satisfactoriamente al incremento inesperado de pacientes necesitados de respiradores o aún de tratamiento intensivo; por eso las medidas para evitas los contagios son aún tan importantes.

No se trata solo de estadísticas “frías”, o de datos que políticos, cuya preocupación es solo económica, presentaron para defender que el número de muertos es irrisorio. Cada persona importa mucho, si no para el Estado, sí para los suyos; y especialmente para su familia.

Finalmente, no todo está perdido, pues en medio al caos, 2020 también nos dio signos de empatía y altruismo. Es el caso de empresas y empresarios que no despidieron sus funcionarios y que, en algunos países, inclusive han donado recursos para el enfrentamiento de la pandemia.

¿Qué esperar de 2021?

Mucha gente comenta que les parece raro que el año ya haya terminado, todo pareció transcurrir tan rápido y de forma tan rara; otros, sin embargo, han tenido la percepción de que cada día duraba más que 24 horas, y ansiaban el fin de 2020.

Sea como fuere, 2020 llegó a su fin, y ahora las perspectivas son respecto al nuevo año: ¿qué esperar?

La expectativa más en alta es acerca de la vacuna para el Coronavirus. Mientras algunos países comenzaron, en diciembre, las campañas de vacunación; otros tendrán que esperar más, y no sabemos cuánto. No obstante, hay esperanzas de que a lo largo de 2021 una considerable parte de la población mundial logre vacunarse.

Las vicisitudes que hay por el camino son, entre otras, los altos costos para países cuya economía ya venía en crisis antes de 2020, y que con la pandemia han tenido que enfrentarse con aún más dificultades.

Por otro lado, todavía hay líderes, como el terco Bolsonaro, en Brasil, que parece no conseguir dejar de lado los enemigos imaginarios y las soluciones mágicas, y no toma medidas suficientemente enérgicas para que la población de su país tenga un pronto acceso a una vacuna.

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lucas.costaf

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