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Saliva y sangre

Shantal había caminado desde hace varias calles, más bien, había flotado, ella usaba sus condiciones y facultades de vampiro desde hacía 255 años, y podía descubrir cada vez más habilidades de su cuerpo no vivo. Shantal descubrió una fascinación extrema por su nuevo cuerpo preternatural, con su nuevo organismo eterno. Podía ser humana una vez más, al menos un instante, al menos un microsegundo. Cuando ella mordía a un ser humano, de preferencia hombre, experimentaba orgasmos, la sensación era incontrolable, se sentía viva, por un micro instante. Esa madrugada arribó a un recinto cultural, que brindaba música celta, donde encontró a ese caballero, su mirada hipnótica le controló y dominó su alma, y fueron a una habitación sola.Ahí ella lo acercó a su cuerpo, con su fuerza sobrenatural, disfrutó con locura demencial el acercamiento, el temor que su victima experimentaba, pues sabía que la muerte le abrazaba. Ella lamía sus labios de cadáver eterno, la sangre se filtraba por las comisuras de su boca, por las mejillas pálidas transparentes, que se llenaban de vida poco a poco, que tomaban un color menos muerto.

Pero la sensación de placer orgásmico del cadáver eterno, se filtraba en cada átomo, en cada partícula, que le daban poder, a su no existencia.

El momento casi infinito se prolongó en todo su ser, de pronto, tomó conciencia, recordó que podía estar en peligro, expuesta, abrió los ojos, retomó el control de su cuerpo, de sus sentidos y se desplazó hacia afuera del lugar.

Shantal salió a la calle semi iluminada por las lámparas de los postes, decidió levitar un poco, unos centímetros, del suelo, ella sabia que la gente no la vería, no se daría cuenta de que sus pies no tocaban el suelo al moverse.

La mujer vampiro observó hacia lo alto de un edificio, en unos departamentos, a una mujer madura, quien estaba fumando en un balcón, tenía además una botella de vino, que disfrutaba como si fuera la última que quedaba en el planeta.

El ojo sensible de Shantal, descubrió en la oscuridad, que su próxima víctima estaba sola, y de inmediato la vampiro entonces elevó su cuerpo maldito, ajeno de la gracia de Dios. Así rompió, como siempre y a su antojo, la ley de gravedad, hasta llegar al balcón donde la mujer consumía sus pensamientos, sus tristezas y el vino. Apenas si se percató de la presencia de su compañera sin invitación.

La mujer del balcón, miró al cadáver que deambulaba, se quedó congelada, muda, su cuerpo no podía moverse ni una micra.

Shantal, se acercó, a su nueva presa, ella quien no se imaginaba que moriría, percibió el cuerpo congelado del huésped, sintiendo sus senos apretarse contra los de ella.

Una intensa excitación se desbordó

La mano derecha se abrió y dejó caer la copa de vino, que de inmediato se escurrió en el suelo, la mujer de piel fría sintió el líquido tinto, desbordarse por sus pies descalzos.

Shantal desgarró la bata de terciopelo roja, que cubría el cuerpo de su víctima, mientras leía su mente.

Sofía, era el nombre. Cuando la que no puede morir, acomodó su rostro para hundirse en la tibia carne de su presa, tomó los senos abundantes de su bocadillo, para que en medio del canal que separa ambos senos corriera aquel néctar carmesí. La imperecedera verdugo abrió los ojos, miró como los pezones de su alimento maldecido, se endurecían, engendrando en su cuerpo preternatural uno de los orgasmos más intensos y profundos de toda su vida y de su no vida.

Shantal dejó de succionar un poco, la carne bañada en sangre, acercó sus labios y ocultó un poco los colmillos, entonces apretó el pezón derecho de su bocado, docenas de movimientos hizo la asesina, la devoradora de juventud.

La mujer que mordía a su víctima, decidió deslizarse poco a poco hacia el piso, de ponerse en la posición de hincada. Una vez de rodillas, volvió a extraer los finos colmillos de su boca, giró el rostro a la derecha mordiendo la pierna de ese lado, mientras la sangre salía.

Como si se tratase de una cascada de color tinto.

La sangre bajaba la sangre por todo el cuerpo y bañaba el rostro de la bebedora de sangre, disfrutando de un placer jamás sentido en su no existencia, después giró su cara al lado izquierdo, donde clavó sus colmillos una vez más.

Estaba envuelta en éxtasis, era como si, sintiera una tormenta cósmica en sus arterias, en su organismo interno, que le había hecho desvariar, una sensación de placer insoportable.

Súbitamente tras una sensación de orgasmos infinitos, su cuerpo fue cambiando de forma, de estructura, sus brazos se hicieron polvo oscuro, al igual que su espalda, su cara, sus piernas, el placer le había transformado en ceniza.

La última victima femenina, se desplomó al suelo.

Ahí donde ya se fundía la sangre, el escurrido tinto, y el extraño polvo cenizo en el que se convirtió Shantal.

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