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Ángel de luz

Avanzamos por una las épocas más significativas para la mayoría del orbe. Dicha temporada se puede resumir en el sinfín de posibilidades con respecto al mundo de la oscuridad. Y del cual (opinión propia) surgen las mayores y repetitivas historias. Desde pequeños y sin que nadie nos tenga que enseñar algo referente a todo lo que tiene que ver con la parte mística del ser, lo hacemos un cliché recurrente. Siendo realistas, es imposible ser adoctrinados en este campo, cuando desde infantes, y dada la conciencia; relacionamos todo por lógica misma. 

Me atrevo a decir que la mayoría de personas ha de relacionar la luz, o colores cálidos con cosas buenas. Incluso, la pigmentación de la piel cuenta mucho para conseguir mayor o menor éxito en un ámbito social. Serán escasos aquellos que opten por estar en lugares sombríos, gélidos o faltos de esa claridad que lo blanco nos da. Es entonces donde por puro instinto; lo negro es malo y lo blanco es bueno.

De este pensamiento es que comienza a ser nutrido el terror mismo. De niños no podemos dormir con la luz apagada, puesto que todo a nuestro alrededor (que simplemente se mantiene alejado de su realidad por la incapacidad del ojo humano para ver en la oscuridad) se convierte en nuestro mayor miedo. Las noches mismas suelen ser un martirio, todo bajo esa penumbra nos descubre temores intrínsecos de nuestro pensamiento.

Podría escribir mucho acerca de la historia que nos toca vivir y su interpretación dado el ganador de cada época, pero esta vez partiré desde una de las más y menos conocidas a la vez. La tradición judeocristiana. Esta misma nos permite vislumbrar el terror y la personificación de él. Claramente habrá más posturas e historia que contar, pero esto no intenta explicar nada, simplemente aportar algo breve al abundante tema.

Así como al analizar un cuento, la etopeya de este personaje (causante de todo el mal en el mundo), nos hace claro el panorama para el resto de historia. Hay en el comienzo del mundo, un personaje llamado a ser un ángel de luz. Mismo que pervierte de acuerdo a ese anhelo de poder; una verdad para acabar siendo el eterno oponente al bien. Sin embargo, podría pensarse que es ahí donde surge la oscuridad. Cierto que es lógico pensar que si el Creador es un ser que habita en una luz eterna, puesto que él mismo es la luz. Este otro personaje termine siendo lo contrario.

Sin embargo, la narración nos deja contemplar; que aunque fue expulsado de la presencia del Creador no sufrió variación en su prosopografía. Esto nos lleva a la interesante cuestión de describirlo un poco. Era un ser hermoso, el más cercano al Creador, tenía aptitudes para la música, lleno de luz, algo totalmente distinto a la imagen que nos han vendido.

No es de extrañarse que lo que resulte de él responda a eso que por dentro llevaba: envidioso, vengativo, engañador, astuto, egoísta. Todo aquello que inherentemente relacionemos con la oscuridad.

No es cuestión de explicar cuándo fue que se hizo tradición relacionar todo lo negro con este personaje. Simplemente hurgar en el cliché. Entonces, aquello que nos causa terror siempre está destinado a ser oscuro, perverso, oculto, monstruoso, desenfrenado, con falta de cualidades bellas que nos brinden algún tipo de estabilidad. Miles de fábulas se nutren justamente de la influencia de este ángel caído para ilustrar sus relatos. Todas teniendo como elemento básico, algún tipo de culto a Luzbel.

Sinfín de historias, no sólo llevadas al papel, sino leyendas que nos fueron contadas desde la infancia en escuelas, campamentos, pueblos, cine, etc. Son matizadas también en la ausencia de claridad. Pero vayamos más allá. En el plano más lógico, un ser que es malvado y perverso, pero que no fue despojado de su belleza, es algo realmente terrorífico. Si no ha perdido esas cualidades, ¿por qué solo lo incapaz de ser visualizado debe causar pánico?

Sin llegar a sonar moralista, me parece más relevante ser considerado como terror a todo aquello que a simple luz del día nos está matando constantemente. Aquellas cosas que parecen ser nuestra mayor diversión. Actos de pureza dualista que representan para el hombre la aniquilación real. Justamente porque acaban por destrozar nuestra capacidad para determinar una verdad.

Nos gusta describir el terror con velas y estrellas en el piso, con ritos y muertes con sangre ofrecida al demonio, o en forma de Belial con cuernos y patas de cabra (o ganso si eres judío). Cuando realmente lo terrorífico resulta ser aquello que por su belleza nos impacta y hace comportarnos bestiales. Todo lo que es un resplandor constante, pero que encarna lo más vil que se pueda conocer.

La necesidad del ser humano por matizar todo el terror con este tipo de escenarios ha logrado llegar a un cliché algo aburrido (al menos para mí). Para los amantes del género en películas o literatura no habrá mucho más que esperar, sin embargo, dada esta tradición que ha permeado nuestro pensamiento y manera de decidir incluso a qué tenerle miedo, aquello que realmente debería despertar nuestros miedos más profundos, repito; son las cosas que a plena luz del día se muestran como bellas.

Es ahí donde espero que surja la historia que nos otorgue un personaje con alcances realmente de terror real, ese que pueda denostar, que cree pánico a través de sus cualidades y virtudes estéticas, pero que termine por formar un delirante y malvado arquetipo. La belleza como causante de atrocidades, tal vez la claridad siendo nuestro mayor espejo. Porque, siendo sinceros,  ¿no es un ángel de luz que va destruyendo sutil y delirantemente a otros el ser humano? Considerado la obra más bella y perfecta. 

Montolivo Llosa

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