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Un atribulado viaje de dos señoritas de la sociedad yucateca

Era finales de 1913 cuando las hermanas Julieta y Catalina decidieron hacer un viaje desde Yucatán a Europa. Estaban en el recorrido por las principales ciudades del continente cuando fueron sorprendidas por el inicio de la primera guerra mundial. Debido a este imprevisto acontecimiento decidieron regresar a Yucatán lo antes posible.

Tomaron un tren que las llevara al puerto más cercano. El tren que abordaron cruzaba la frontera franco alemana. Todo iba muy bien cuando de repente el tren se detuvo.

Autoridades francesas del servicio de inteligencia abordaron el tren para efectuar una revisión,  ya que tenían información de que un espía enemigo se encontraba a bordo.

Las autoridades pidieron a los viajeros que desalojaran el tren para llevar a cabo una minuciosa revisión pasajero por pasajero, resultando ésta infructuosa; dispuestos a no darse por vencido decidieron hacer una revisión poco común; exigir a los pasajeros  que se quitaran la ropa, desde la cabeza a los pies.

Las hermanas se pusieron muy nerviosas ante esta nueva orden e indignadas por esta bochornosa situación.

En un cuarto privado una madame fue la encargada de hacer la revisión. Al estar en el proceso de revisión se escuchó un grito de la funcionaria anunciando el descubrimiento de algo importante: en los amplios glúteos de las damas se podía ver con toda claridad unas letras que formaban un párrafo.

El oficial a cargo llego rápidamente con una lupa encontrando un misterioso mensaje y repitiendo constantemente ¡Que ingenio de estas espías!

Ante este penoso hecho las hermanas estaban al borde de una crisis cuando decidieron hablar, de forma discreta, con el oficial  donde le explicaron que por higiene habían utilizado papel periódico para cubrir la tapa del escusado. El inspector  dirigió nuevamente su lupa a los glúteos de la hermanas encontrándose que el sello impreso de la tinta se pasó a los glúteos de las damas. Esto lo pudo comprobar el oficial cuando  leyó la misteriosa escritura que resultaron anuncios de “La Viuda de Clicot” y “Agua de Vichi”.

Después de este lamentable hecho las hermanas continuaron su viaje al puerto y continuar su viaje de regreso a Yucatán, jurando no volver a salir de Mérida.  

Quetzal-calli

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