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La Redacción

Un corazón cálido y una armadura de acero

9 julio, 2019

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido demasiado cálidos con las personas, bondadosos sin ninguna condición o mal pensamiento, expresivos con halagos que sobrepasan los poemas más románticos, regalamos las más sinceras acciones y los mejores deseos, pero, en alguno de esos momentos nos lastimaron.

Por consecuencia, de alguna forma, nos volvimos fríos, ásperos en nuestras expresiones afectuosas, el miedo al rechazo o a la burla del otro, nos arrebataron la confianza en mostrarnos como somos, nos impidieron decir lo que sentíamos tal cual lo sentíamos. Ahora sólo buscamos las palabras más adecuadas, aunque carezcan del profundo significado, para expresar esos bellos sentimientos, en vez de decirlos con el corazón, sin siquiera premeditarlos, porque aunque algunos difieran de tales situaciones, el corazón es mucho más de lo que imaginamos. Después de todo ese dolor que en algún momento y de alguna forma llegamos a sentir, nos volvimos personas con corazón cálido y una armadura de acero.

Una armadura de acero que estuviera dispuesta a brindarnos protección, que nuestros sentimientos no salieran y que los sentimientos de otros no entraran, no obstante, toda cosa existente en el mundo tiene algún aparente “defecto”, por lo que si planeamos que ninguna emoción ajena entre, ésta encontrará algún pequeño hueco donde colarse y llegar hasta nuestro cálido corazón. Y así, como de manera defectuosa pudo entrar esa emoción, de la misma manera saldrá de ti, hacia alguien más, una persona que logrará ver al ser humano que eras antes de adoptar una armadura de acero.

Sin embargo, llegará un momento que tu corazón estará tan lleno de emociones reprimidas que se fundirá con tu armadura de acero de hombre valiente y sin debilidades, en ese momento, o decides quitarte la armadura, o terminarás muerto, sin vida, sin  las emociones bellas que le daban calor a tu alma. En ese momento dejarás de ser humano.

No temas, confía en ti, confía en que tienes grandes virtudes, y también grandes defectos, así, como todos, como todos nosotros. Finalmente, sin nuestros defectos, no seriamos los humanos tan capaces que podemos ser. Exprésate sin miedo, di cuando quieres a alguien, cuando amas a alguien, di cuando lo estimas, pero nunca dañes su corazón cálido, que aunque puedas dudarlo, si lo tiene, y si es que no logras verlo, tal vez es porque alguien, en algún momento de su vida, le obligó a ponerse una armadura de acero.

Y si aún tienes alguna duda de comer expresarte en acciones o palabras, sin ser lastimado, te diré…

Sé inteligente cuando las personas se dirijan a ti, y sé empático cuando tú te dirijas a ellas. El balance y la armonía entre tu mente y alma, te librarán de las armaduras, y aun así, serás invencible en la lucha final.

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