Portada » Blog » Empoderamiento Femenino » Una visión con perspectiva
Empoderamiento Femenino

Una visión con perspectiva

Últimas entradas de ALEX (ver todo)

Para poder entender los fenómenos de odio y falta de tolerancia hacía la mujer, así como las agresiones físicas, es necesario el hacer algo de historia, el poner este fenómeno en perspectiva.

Haciendo un paréntesis muy importante para decir que entenderlo, de ninguna manera significa justificarlo, pero si queremos vencerlo, es importante saber de dónde viene.

Se ha hablado mucho de las diferencias entre la mujer y el hombre, por ejemplo, se menciona que los hombres tenemos una vista más adecuada para la distancia, necesaria para el cazador; y que las mujeres, la tienen más panorámica, ideal para proteger a los críos de posibles ataques de animales cercanos, lo que hace que recibamos un enérgico regaño de nuestra pareja cuando volteamos a ver a una mujer atractiva, mientras que ellas pueden ver al hombre guapo sin que nos demos cuenta. Podemos mencionar muchas otras, pero hay dos, que son innegables y que nos han regido durante milenios, hasta que en los últimos sesenta años, aproximadamente, han cambiado radicalmente su importancia, gracias a la tecnología.

Lo primero que debemos mencionar es la fuerza física, que aun cuando no todos los hombres somos más fuertes que todas las mujeres, sí somos más altos, en promedio alrededor de diez centímetros, más corpulentos y con más testosterona en la sangre, lo que hace que sobre todo en la parte superior del cuerpo, seamos considerablemente más fuertes que ellas (kilo por kilo, la parte inferior del cuerpo de la mujeres es casi tan fuerte como el hombre).

Esta fortaleza tenía dos usos muy importantes: dado que la enorme mayoría de los trabajos eran de naturaleza física, el hombre era una mayor contribución para el bienestar de la familia, adicionalmente que también lo hacía un mejor guerrero y o defensor de nuestra patria o propiedad.

Si entendemos esto, no nos debe sorprender que las familias se alegraran cuando tenían un varón y que, cuando por contraste, tuvieran una niña, hablaban del futuro que “seguramente” traería a un hombrecito.

Si en la primera diferencia que mencionamos arriba, los contrastes son notables, la segunda es absoluta. Hasta ahora (salvo por la comedia cinematográfica Junior), nunca un hombre se ha embarazado o dado a luz a un bebe. Dado que el ser humano es sumamente frágil al nacer y por los primeros años, pero sobre todo, dado que su inteligencia requiere de años de aprendizaje y preparación, un embarazo constituye un muy fuerte compromiso, por lo que las familias tenían a sus hijas en extremo cuidado para prevenir un embarazo no deseado. Decía un tío abuelo mío, que nació en el siglo diez y nueve, que el hombre se podía ir a la cama con la piel, pero que la mujer lo hacía con el corazón, lo que se aceptaba como verdad absoluta y se entiende cuando al levantarse de la cama, la mujer estaría atormentada por la posibilidad de un bebe que naciera fuera del amor y del matrimonio.

Aquí solicito al amable lectora o lector, aun cuando pueda ser muy joven, que tome unos momentos para imaginar la vida durante milenios, en los que estos dos factores eran importantes regentes de la vida social y que se aceptaban como verdades absolutas.

Esto no significa que las mujeres eran infelices e invariablemente maltratadas.

Seguramente una joven moderna se sentiría prisionera en una vida así, pero nuestras abuelas y bisabuelas tenían una mentalidad diferente y, por supuesto, muchos padres y maridos eran amables y buenos con sus respectivas mujeres, pero ellos tenían todo el poder, pero ahora:

Un porcentaje muy alto de los trabajos son de carácter intelectual, la fuerza la tienen las maquinas, pero no solo eso, sino que los empleos que requieren de educación, talento, conocimientos y entrenamiento, pagan mucho mejor que los trabajos físicos y aun cuando todavía tenemos un camino por recorrer en la igualdad de salarios, creo que todos, o casi todos, conocemos mujeres que se han abierto camino en varios ámbitos laborales y con resultados extraordinarios.

La primera revolución industrial, que trae consigo la producción en línea y el uso generalizado de máquinas, empieza en 1760, sin embargo, el cambio fue paulatino; por ejemplo, en México, la primera doctora, Matilde Montoya, se gradúa hasta 1887, lo que fue un cambio muy importante en su época.

Adolfo Ruiz Cortines ganó las elecciones y tomo la presidencia el primero de diciembre de 1952, pero fue hasta el 17 de Octubre de 1953 cuando puede cumplir con su promesa de campaña y las mujeres pueden votar, lo que hacen por primera vez en una elección federal hasta 1955.

No sé lo que opine el amable lector, pero a mí me parece una fecha tan reciente para reconocer en la mujer a una persona digna de escoger a sus gobernantes.

Cabe aquí mencionar que hoy en día, una pequeña mujer de solo cuarenta y cinco kilos de peso corporal, acompañada de un revolver 38, puede fácilmente someter a un enorme jugador de línea del futbol americano profesional y, que las guerras y conflictos entre naciones y sociedades ya no se resuelven en batallas de cuerpo a cuerpo, sino con bombardeos muy certeros a larga distancia y con actos de terrorismo.        

El otro aspecto, el del embarazo, con la creación de la píldora anticonceptiva (lo llamaremos así, entendiendo que resumimos una gran cantidad de métodos anticonceptivos.

Algunos de ellos, como la vasectomía y el condón, operando en el hombre), surge la revolución sexual, que en Estados Unidos y Europa sucede en los años sesentas, pero que en México, para los setentas, ya estaba en pleno funcionamiento. Este cambio trajo consigo a una mujer inimaginable para las personas que nacieron a principio del siglo XX, mucho más libre e independiente, que ya puede hablar y vivir su propia sexualidad; o sea, que ya tenemos a una mujer económicamente independiente y quizás rica, además de sexualmente libre, pero antes de terminar este análisis e ir a las conclusiones y posibles soluciones, mencionemos un par de aspectos agravantes adicionales:

El primero es la boca indiscreta de muchos hombres, que no solo hablan sobre lo que en realidad sucedió, sino que muchas veces, presumen lo que es una mentira y con lujo de detalles falsos, que hacen creer a otros incautos que todo lo que necesitan es atreverse y, la segunda, es la diferencia en trato que tienen las mujeres con los pocos hombres atractivos que existen y con los que no lo son, entendiendo atractivos como una valoración de apariencia física, presentación, personalidad, situación social y económica, etc. Lo que en muchos casos causa un profundo resentimiento.

Antes de proponer soluciones, aclaro que de ninguna manera soy el dueño de la verdad y solo planteo tres caminos que considero muy importantes, pero que la relevancia del tema obliga a la creación de muchos debates con amplia participación.

Los tres pasos que yo considero son:

1.- Hacer una reforma educativa que estudie estos temas con profundidad y que haga que las futuras generaciones entiendan y abracen con gusto estos cambios sociales y sobre todo, a la mujer de hoy.

2.- Continuar con marchas, manifestaciones y debates para que el tema no salga de la agenda de gobierno, de la iniciativa privada y de la sociedad en general.

3.- Escuché a un experto en seguridad que en México gastamos menos del uno por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en procuración de justicia y que debería de ser una cifra cercana al tres por ciento. Creo yo que debería ser superior a este último número.

Alguien, alguna vez me dijo que un buen sueldo no garantiza un buen trabajo y yo le respondí que en contraste, un mal sueldo si garantiza un mal trabajo. Debemos gastar mucho más en estos rubros para contar con personal mucho mejor capacitado, mejor remunerado y al que le podamos exigir resultados, no me puedo imaginar ningún renglón de gasto que nos otorgue mejores rendimientos. Mi abuela solía decir: “lo barato sale caro”.          

Etiquetas

Agregar comentario

Haz clic aquí y comenta